4. Este año India será sede de la cumbre de los BRICS. ¿Cuáles cree que serán los principales
temas de agenda impulsados por Nueva Delhi?
– Debe tenerse presente que, al inicio de cada año, los países miembros de los BRICS+, en su calidad de presidencia rotatoria, elaboran un programa de trabajo con objetivos específicos y prioridades definidas.
Esta dinámica permite dotar a cada presidencia de un perfil propio, al tiempo que se da continuidad a los objetivos permanentes del grupo, acordados en declaraciones adoptadas en cumbres anteriores. Un ejemplo significativo de ello es la reforma de las instituciones de gobernanza global, en particular la búsqueda de una mayor representatividad de los países BRICS+ en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en las instituciones financieras internacionales. En este marco, la India ha continuado impulsando una agenda reformista orientada a mejorar un sistema que, en la actualidad, presenta importantes signos de debilitamiento.
Debe tenerse en cuenta que, en términos generales, los BRICS se alinean en buena medida con los objetivos de política exterior de la India, en particular con la promoción de un orden mundial más multipolar en el que la India aspire a consolidarse como una de las principales voces del Sur Global. A ello se suman su interés por fortalecer la autonomía estratégica y la independencia económica, así como por promover la creación de mecanismos e instituciones financieras alternativas a aquellas bajo influencia predominante de las potencias occidentales.
Las prioridades de la presidencia india son, en este sentido, complementarias de los objetivos estructurales del grupo, y permiten al país anfitrión focalizar la atención en áreas que considera especialmente relevantes. Asimismo, estas prioridades se traducen en una intensa actividad diplomática, canalizada a través de múltiples reuniones de distinto nivel –cancilleres, ministros, parlamentarios, altos funcionarios y representantes del sector privado, entre otros–. Es precisamente este entramado de interacciones el que permite la elaboración progresiva de una declaración final consensuada en la cumbre, como la que tendrá lugar en Nueva Delhi.
La República de la India ha definido sus prioridades de manera clara, transparente y de acceso público, a través de canales oficiales en línea. Dichas prioridades se suman a los objetivos de largo plazo de los BRICS+. A grandes rasgos, la presidencia de Nueva Delhi ha priorizado el fortalecimiento de la resiliencia económica, la innovación tecnológica, la cooperación Sur-Sur y la sostenibilidad energética.
Estos ejes programáticos han sido ampliamente difundidos y documentados en fuentes oficiales. En el marco del Grupo de Trabajo sobre los BRICS del CARI, se realiza un seguimiento sistemático de dichas declaraciones, con el objetivo de evaluar en qué medida las prioridades de la presidencia india se reflejan efectivamente en la declaración final de la cumbre de Nueva Delhi.
Un tema de particular relevancia para la India es la lucha contra el terrorismo, cuestión que hasta el momento ha recibido un tratamiento relativamente general dentro de los BRICS. El objetivo de avanzar en este ámbito ofrece a la India la posibilidad de señalar a Pakistán como promotor del terrorismo internacional, aprovechando su condición de no miembro del grupo. Sin embargo, una eventual profundización de esta agenda podría implicar un desplazamiento de los BRICS hacia el ámbito de la seguridad, con el riesgo de duplicar funciones ya existentes en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái, en la que participa Pakistán.
El contexto internacional más amplio también incide en las prioridades de la presidencia india. Entre los temas que previsiblemente atraerán la atención de los líderes del grupo se encuentran la crisis en Medio Oriente, la creciente preocupación por el debilitamiento de la agenda ambiental y las dificultades vinculadas al endeudamiento de numerosas economías en desarrollo. Asimismo, deberá considerarse el impacto de la postura de la administración republicana de Estados Unidos, que tiende a percibir a los BRICS como un obstáculo para su política exterior.
En este contexto, los países miembros procurarán facilitar el comercio intra-BRICS como respuesta a las políticas arancelarias estadounidenses, al tiempo que intentarán articular posiciones comunes frente a las medidas proteccionistas y las acciones unilaterales de Washington que no se ajustan plenamente a las normas del comercio internacional. Finalmente, se analizará la posibilidad de preservar las prioridades del Sur Global en el seno del G20, teniendo en cuenta que Estados Unidos ejerce la presidencia del foro e intenta reorientar su agenda.
A lo anterior cabría añadir dos elementos adicionales que resultan centrales desde la perspectiva de la República de la India y que no se encuentran expresamente reflejados en las prioridades oficiales de la presidencia.
En primer lugar, constituye un objetivo claro de Nueva Delhi proyectarse, a través del ejercicio de la presidencia de los BRICS+, como un actor autónomo y de creciente relevancia en el sistema internacional. En este marco, la India no solo busca promover una agenda que refleje sus intereses nacionales, sino también representar y articular, en cierta medida, los intereses de su entorno regional y del denominado Sur Global.
Asimismo, la capacidad de organizar en su territorio la cumbre de los BRICS+, con la participación de los principales líderes de potencias emergentes como China, Rusia, Brasil e Indonesia, le permite proyectar una imagen de centralidad diplomática cuya relevancia no pasa desapercibida en el escenario internacional.
En segundo lugar, la presidencia de los BRICS+ también responde a objetivos de política interna. Por un lado, contribuye a reforzar la imagen del primer ministro Narendra Modi como un líder con proyección tanto regional como global. Por otro, la organización de más de un centenar de reuniones en el marco de la presidencia india, distribuidas a lo largo del territorio nacional, implica la movilización de múltiples niveles del Estado y de la sociedad, lo que convierte a este proceso en un instrumento potencial de fortalecimiento de la cohesión interna.
Finalmente, la descentralización territorial de estas reuniones permite también proyectar internacionalmente la diversidad cultural, geográfica y política de la India, ofreciendo una imagen de país-continente con fuerte densidad histórica y una notable heterogeneidad interna.
5. ¿Qué expectativas existen en torno al fortalecimiento de mecanismos financieros alternativos al dólar dentro de los BRICS?
– Esta cuestión reviste una gran importancia, dado que el dólar estadounidense constituye uno de los principales instrumentos del poder de los Estados Unidos, cuyo control permanece bajo soberanía plena de Washington, como se ha señalado anteriormente. El otro pilar fundamental de su poder es su inmensa capacidad militar.
En este marco, puede argumentarse que las medidas adoptadas por los países miembros de los BRICS en su conjunto constituyen una incipiente amenaza para la hegemonía del dólar como moneda de pago y de reserva internacional.
Un objetivo central de los BRICS desde su creación ha sido reducir la dependencia del sistema financiero internacional respecto del dólar, promoviendo una arquitectura financiera que permita el uso de monedas nacionales en los intercambios bilaterales. En teoría, ello podría reducir uno de los principales instrumentos de coerción de los que dispone el gobierno de los Estados Unidos. Asimismo, el uso directo de monedas nacionales, sin la intermediación del dólar, podría contribuir a disminuir ciertos costos de transacción en el comercio internacional.
No obstante, cabe preguntarse si los mecanismos implementados hasta el momento por los países miembros de los BRICS —como los acuerdos de pagos en monedas locales— responden tanto a una estrategia deliberada de debilitamiento del papel hegemónico del dólar como a la necesidad pragmática de asegurar canales comerciales frente a las sanciones financieras unilaterales impulsadas por las potencias occidentales.
En este sentido, resulta difícil sostener que la expansión de los sistemas de pago en monedas nacionales haya sido impulsada exclusivamente por la búsqueda de eficiencia económica, sin considerar el impacto de las restricciones financieras impuestas desde Washington. Asimismo, el principal desafío para la moneda estadounidense no parece provenir de los BRICS en sí mismos, sino de factores estructurales internos, en particular el creciente endeudamiento de Estados Unidos, derivado de sus déficits gemelos —fiscal y de cuenta corriente—. A ello se suma la pérdida de confianza en la capacidad de las instituciones estadounidenses para sostener políticas macroeconómicas consistentes en el tiempo, lo que constituye un factor clave en la evolución del rol internacional del dólar.
Una perspectiva histórica conduce a una conclusión similar, en la medida en que procesos análogos explican la pérdida gradual de estatus de otras monedas que desempeñaron un papel central en el sistema internacional. Entre ellas pueden mencionarse el dinar de oro del califato abasí, el dólar de plata del Imperio español, el florín de oro de la República de las Provincias Unidas de los Países Bajos o la libra esterlina del Imperio británico, entre otros ejemplos relevantes.
La relativa disminución de la participación del dólar en las reservas internacionales, así como el aumento —aunque todavía limitado— de activos como el oro y el yuan chino, reflejan en parte una mayor diversificación de reservas y, en parte, una creciente percepción de incertidumbre respecto de la sostenibilidad macroeconómica de Estados Unidos.
Asimismo, la reducción relativa del uso del dólar en las reservas y en el comercio internacional también puede vincularse al impacto de las sanciones financieras y las restricciones comerciales adoptadas principalmente por los Estados Unidos, las cuales son consideradas por numerosos actores internacionales como carentes de legitimidad, al no haber sido adoptadas en el marco del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o en conformidad estricta con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Lo que sí puede afirmarse con mayor certeza es que el uso de monedas nacionales en los intercambios de bienes y servicios entre los países miembros de los BRICS ha favorecido un incremento significativo del comercio intragrupo y ha contribuido a reducir, en alguna medida, la eficacia de las sanciones financieras estadounidenses.
Es evidente que la tendencia hacia el debilitamiento de la hegemonía occidental sobre el sistema financiero internacional ha sido, en gran medida, acelerada por el propio accionar de los Estados Unidos, en particular por el uso del dólar como instrumento para la imposición de sanciones unilaterales. Asimismo, las políticas adoptadas por Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea —incluido el bloqueo de reservas de países sancionados y la utilización de los recursos de las instituciones de Bretton Woods con fines políticos— han contribuido a erosionar la legitimidad del orden económico occidental.
Desde su creación, los países miembros de los BRICS han buscado una mayor participación en los procesos de toma de decisiones de la gobernanza económica global. Ello se ha traducido, por ejemplo, en la demanda de una mayor representación en el sistema de cuotas y votos del Fondo Monetario Internacional (FMI). En este sentido, la falta de flexibilidad por parte de los países del G7, en particular de los europeos y de Japón, para otorgar mayor espacio a las economías emergentes ha contribuido a acelerar el desarrollo de un sistema financiero alternativo, aún incipiente, al orden occidental.
De manera progresiva, los BRICS han comenzado a construir una arquitectura financiera propia, en la cual el Nuevo Banco de Desarrollo (también conocido como Banco de los BRICS) constituye una pieza central. A ello se suman el Fondo de Reservas de Contingencia por 100.000 millones de dólares, la Alianza de Pagos en Monedas Locales y el sistema BRICS Pay, todos ellos orientados a reforzar la autonomía financiera de sus miembros. Estos mecanismos han tenido un impacto creciente en el patrón de uso del dólar en los intercambios intragrupo, favoreciendo la expansión del comercio en monedas nacionales y una cierta diversificación de las reservas internacionales.
En este contexto, resulta particularmente relevante el papel del Nuevo Banco de Desarrollo, concebido como una institución destinada a financiar proyectos conjuntos de infraestructura que faciliten la integración económica entre los países miembros. Este tipo de inversiones –en carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos– contribuye a reducir los costos de transacción y a promover el comercio intrarregional. Asimismo, estos proyectos tienden a generar efectos de desarrollo interno dentro del propio grupo, en la medida en que son ejecutados, en muchos casos, por empresas de los Estados miembros.
Desde una perspectiva institucional, el Nuevo Banco de Desarrollo se diferencia claramente del modelo jerárquico de toma de decisiones característico de las instituciones de Bretton Woods, en las que la distribución del poder no es igualitaria entre los Estados miembros. En el caso del Banco de los BRICS, los miembros fundadores cuentan con una participación más equilibrada en la estructura de gobernanza.
Debe señalarse, no obstante, que el Nuevo Banco de Desarrollo aún no dispone de recursos comparables a los del Banco Mundial. En la práctica, en numerosos casos actúa como intermediario entre los proyectos de infraestructura y los bancos de desarrollo nacionales de los propios países BRICS, los cuales sí cuentan con una capacidad financiera significativamente mayor.
Además del Nuevo Banco de Desarrollo, que constituye un componente central del aún incipiente “orden financiero BRICS+”, se han desarrollado otros instrumentos relevantes, como el Fondo de Reservas de Contingencia, la Alianza de Pagos en Monedas Locales y el sistema BRICS Pay, que en conjunto apuntan a reforzar la autonomía financiera del bloque. El sistema BRICS Pay, desarrollado en el marco del Consejo Empresarial de los BRICS+, conecta los sistemas de pagos de los países miembros y asociados, creando una infraestructura financiera propia para empresas e individuos. Al permitir la realización de transacciones en monedas nacionales sin recurrir al sistema de mensajería SWIFT, reduce la dependencia de los mecanismos financieros dominados por Occidente.
El desarrollo de esta arquitectura financiera paralela ha tenido un impacto creciente
sobre el uso del dólar en el comercio de bienes y servicios entre los países BRICS. El reemplazo progresivo del dólar por monedas nacionales en los intercambios intragrupo, así como la disminución de su participación en las reservas de los bancos centrales de los Estados miembros, constituye una tendencia que, en el mediano o largo plazo, podría desafiar la posición predominante de la moneda estadounidense en el sistema financiero internacional.
La ampliación de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái a nuevos miembros contribuye, asimismo, a extender el alcance de estos instrumentos financieros y comerciales, ampliando un espacio de cooperación que opera con menor dependencia de las instituciones occidentales.
En términos generales, las instituciones y mecanismos desarrollados en este marco han fortalecido la soberanía financiera de los países miembros y reducido, en cierta medida, el impacto de las sanciones económicas impuestas por las potencias occidentales. El foro ha ampliado también la capacidad de acción de sus integrantes al facilitar fuentes alternativas de financiamiento, identificar nuevas oportunidades de inversión y comercio e impulsar la cooperación en áreas como la ciencia y la tecnología, la salud, la educación y la cultura.
El hecho de que muchas de las medidas adoptadas por los países occidentales respondan a consideraciones geopolíticas, económicas o ideológicas —más que a principios universalmente aceptados del derecho internacional— ha contribuido a erosionar la confianza en la arquitectura del orden económico liberal. Este proceso incentiva a Estados, empresas e individuos a desarrollar mecanismos destinados a proteger sus intereses, favoreciendo así la consolidación de estructuras financieras paralelas.
Sin embargo, la creación de una moneda común de los BRICS aparece como un escenario altamente improbable. Un proyecto de esa naturaleza requeriría una importante cesión de soberanía monetaria, incompatible con los principios y los intereses que orientan a los propios Estados miembros. En consecuencia, aunque el dólar pueda experimentar un debilitamiento relativo de su posición internacional, es previsible que continúe desempeñando un papel central tanto en las transacciones internacionales como en las reservas de los bancos centrales, simplemente porque, al menos en el futuro previsible, no existe otra moneda con la profundidad, liquidez y aceptación internacional suficientes para sustituirlo.
