Redacción · Agosto 2026 · Opinión

<< Volver

La guerra del futuro: Amenaza nuclear e inestabilidad estratégica

En medio de la inestabilidad global, se observa un resurgimiento del interés por las armas nucleares. Primera Parte
Elena Chernenkoescribe: Elena Chernenko
Hernando Kleimanstraducción y adaptación: Hernando Kleimans

En medio de la inestabilidad global, se observa un resurgimiento del interés por las armas nucleares. En varios países, funcionarios y políticos debaten abiertamente la viabilidad de lanzar sus propios programas militares nucleares, mientras que las autoridades de otros países buscan negociar garantías de seguridad y misiones nucleares conjuntas con potencias nucleares. Dada la falta de perspectivas de acuerdos de control de armamentos entre países que ya poseen armas nucleares, esto genera riesgos adicionales, haciendo tangible la amenaza de un conflicto nuclear en un futuro próximo.

Diploma de custodia

Tras evaluar los resultados de la reciente Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), celebrada en abril de 2026 en la sede de la ONU en Nueva York, los expertos se dividen en dos grupos. Algunos lo califican de “fracaso”: los representantes de los 191 Estados parte del tratado no lograron acordar una declaración final común por tercera vez consecutiva (incluidas las conferencias de 2015 y 2022). Otros insisten en que el documento final no es lo más importante; lo que importa es que la conferencia se haya celebrado, que se haya debatido el alcance del TNP y que no se podía esperar más en el contexto del continuo deterioro de la seguridad regional y global. Tantos unos como otros, por lo general, miran al futuro con aprensión, conscientes de que el régimen de no proliferación nuclear se enfrenta ahora a su prueba más seria desde 1970, cuando entró en vigor el TNP.

Una serie de conflictos que involucran a potencias nucleares, por un lado, y a Estados no nucleares, por el otro, ha provocado un aumento del interés en las armas nucleares como única defensa eficaz contra un ataque externo.

Esta tendencia se ha acentuado especialmente durante el segundo mandato de Donald Trump, durante el cual Estados Unidos atacó a dos países no nucleares —Irán y Venezuela—, amenazó con invadir Cuba y dio a sus aliados en Europa y Asia motivos para dudar del “paraguas nuclear” estadounidense.

El mundo ha comenzado a debatir el peligro de la futura aparición de nuevos miembros en el club nuclear, además de las cinco potencias nucleares oficiales actuales (Rusia, Estados Unidos, China, Francia y el Reino Unido) y las cuatro no oficiales (India, Pakistán, Israel y Corea del Norte). “La situación en Oriente Medio deja claro que la mayoría de los países que antes ni siquiera se planteaban poseer armas nucleares ahora consideran seriamente que, en las circunstancias actuales, podrían convertirse en su único 'refugio seguro'”, declaró Serguei Shoigu, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia.

El Club de los deseosos

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, calificó una posible nueva carrera armamentística nuclear con un mayor número de participantes como su “peor pesadilla”. “Un mundo con 20 o más potencias nucleares sería extremadamente peligroso”, declaró en una entrevista reciente. En la actualidad, no se habla de ampliar la lista de potencias nucleares a diez o más. Sin embargo, expertos de todo el mundo siguen de cerca a los llamados estados “umbral”, que poseen el potencial científico, tecnológico y militar para crear una bomba atómica, y cuyos gobiernos emiten declaraciones que podrían interpretarse como un interés en dichas armas. En Rusia se ha preparado para su publicación una obra de expertos del Centro PIR *(1) titulada “La primera regla del Club Nuclear: Perspectivas de la proliferación nuclear”. En ella se examina la probabilidad de que Corea del Sur, Japón, Australia, Irán, Arabia Saudita, Turquía y Ucrania desarrollen sus propios programas nucleares militares (Kommersant ha revisado este trabajo con antelación).

Entre los países que podrían intentar desarrollar una bomba nuclear a medio plazo, los autores destacan a Corea del Sur. Sus funcionarios han emitido declaraciones contradictorias respecto a un programa nuclear militar, admitiendo en ocasiones su desarrollo y en otras afirmando que es inviable debido a la amenaza de sanciones internacionales. Las encuestas de opinión pública en Corea muestran sistemáticamente que más del 70% de los surcoreanos desearía que el país se uniera al club nuclear para disuadir eficazmente a su vecino del norte.

Los expertos señalan que Corea del Sur aún no cuenta con todos los componentes para crear un arma nuclear, pero el potencial existe: “La República de Corea tiene una base sólida para el lanzamiento inmediato de un proyecto de este tipo. El país opera 26 centrales nucleares, ha establecido la producción de combustible nuclear y posee avances tecnológicos tanto en el enriquecimiento de uranio como en el reprocesamiento radioquímico del combustible nuclear gastado. Se han formado decenas de miles de especialistas nucleares y se ha construido la base científica y técnica”. Los autores destacan el progreso de Corea del Sur en el desarrollo de sistemas de lanzamiento, en el contexto del levantamiento de las restricciones impuestas por Estados Unidos al alcance de sus misiles de fabricación nacional en 2021.

“Seúl está explotando hábilmente su imagen como Estado nuclear 'umbral' para obtener preferencias estadounidenses y garantías de seguridad adicionales”, señalan los expertos. “Los surcoreanos están preparando la base técnica e ideológica que podría respaldar la implementación de la decisión política de desarrollar armas nucleares. En este contexto, son notables los intentos de Seúl por obtener el apoyo de Estados Unidos para desarrollar su propio submarino nuclear y adquirir tecnología de enriquecimiento de uranio”. Además, durante la cumbre entre Estados Unidos y Corea del Sur de noviembre de 2025, se alcanzó una decisión política para iniciar un procedimiento que eventualmente permitirá a Corea del Sur enriquecer uranio con fines civiles y reprocesar combustible nuclear gastado. Estados Unidos se había opuesto previamente a esto, pero ahora ha suavizado su postura (como lo hizo con el acuerdo entre Estados Unidos y Arabia Saudita).

Moscú ha expresado reiteradamente su preocupación por la creciente cooperación militar-nuclear entre Seúl y Washington. Por su parte, los funcionarios estadounidenses insisten en que su “paraguas nuclear” garantiza que sus aliados —en este caso, Corea del Sur— no busquen adquirir armas nucleares. Cabe destacar que, antes de su primera victoria presidencial, Donald Trump defendía plenamente la “proliferación amistosa”, es decir, ayudar a sus aliados a desarrollar sus propios programas militares nucleares. En aquel entonces, creía que esto aliviaría a Estados Unidos de parte de la carga financiera asociada con garantizar la seguridad de sus aliados. Desde que asumió la presidencia, se ha manifestado en repetidas oportunidades en contra del surgimiento de nuevas potencias nucleares, independientemente de sus relaciones con Estados Unidos.

Expertos del Centro PIR incluyeron a Ucrania entre los países que aspiran a unirse al “club del umbral”: “Entre 2024 y 2025, el país continuó 'calentando' la opinión pública respecto a la posibilidad de desarrollar sus propias armas nucleares... Kiev espera obtener inversión económica adicional de 'patrocinadores' europeos y estadounidenses y, más importante aún, asegurar apoyo militar al régimen”. Los expertos se muestran cautos en su evaluación de las capacidades nucleares reales de Ucrania: “Dada la falta de capacidad propia de enriquecimiento de uranio, la ruta del plutonio para la creación de armas nucleares parece más tentadora para Ucrania. El combustible nuclear gastado del país contiene aproximadamente 7,4 toneladas de plutonio apto para reactores. Sin embargo, Ucrania carece de capacidad industrial para su separación, y su desarrollo requeriría, en la práctica, al menos dos o tres años y varios miles de millones de dólares”.

El peligro de romper tabúes

Las autoridades rusas han enfatizado repetidamente su firme oposición al surgimiento de nuevos estados nucleares en el mundo y pretenden mantener el régimen de no proliferación. Esta postura ha sido expresada consistentemente por el presidente Vladimir Putin y representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores. Aunque algunos expertos en Rusia, Estados Unidos y otros países creen que la expansión del club nuclear no es tan peligrosa, la opinión generalizada sigue siendo que tal escenario es indeseable. “El principal problema de la proliferación nuclear es el creciente riesgo de uso de armas nucleares”, afirma Andrei Baklitsky, investigador principal del Instituto de las Naciones Unidas para la Investigación del Desarme. “Cuantas más ojivas nucleares haya en el mundo, mayor será la probabilidad de que algo falle con alguna de ellas... Los Estados nucleares existentes han dedicado décadas a desarrollar sus estrategias en materia de armas nucleares, disuasión y relaciones con adversarios potenciales. Cualquier nuevo Estado nuclear perturbará significativamente este sistema. Además, el surgimiento de nuevos Estados nucleares podría tener un efecto dominó, tanto por la reacción directa de los países vecinos como por el debilitamiento general del régimen de no proliferación”.

“Cualquier uso de armas nucleares sería catastrófico no sólo para el Estado contra el que se dirigen”, advierte Baklitsky. Esto tendría consecuencias humanitarias, económicas y ambientales a nivel mundial. “Romper el tabú nuclear podría conducir a un mayor uso de armas atómicas. Podría socavar los cimientos mismos de la disuasión nuclear, que sustenta los sistemas de seguridad de los estados nucleares y sus aliados”, advierte el experto.

La guerra del futuro: Amenaza nuclear e inestabilidad estratégica

Paraguas en el horizonte

Si bien el surgimiento de nuevas potencias nucleares aún es hipotético, el acercamiento de la infraestructura nuclear de los países occidentales —Estados Unidos, Francia y el Reino Unido— a las fronteras de Rusia es una realidad con la que Moscú probablemente tendrá que lidiar en un futuro próximo. Los ejercicios de la OTAN en la región báltica, que formó parte del Estado ruso durante casi tres siglos, no pueden sino generar alarma en Moscú, especialmente dado el enclave de Kaliningrado y el prolongado conflicto en Ucrania.

Actualmente, de los países mencionados sólo Estados Unidos despliega armas nucleares tácticas fuera de su territorio nacional: en el Reino Unido, Alemania, Bélgica, los Países Bajos, Italia y Turquía (Türkiye según su nuevo nombre oficial). En medio de la confrontación con Rusia, varios Estados europeos miembros de la OTAN (Polonia y los países bálticos) también han manifestado su deseo de albergar bombas atómicas estadounidenses y participar más activamente en las llamadas “misiones nucleares conjuntas de la OTAN”, en las que personal militar de países de la OTAN sin armas nucleares se entrena para asistir a Estados Unidos en caso de que se utilice este tipo de armamento. A principios de junio, el Financial Times, citando fuentes, informó que las autoridades estadounidenses están consultando con Polonia y los países bálticos sobre el despliegue de elementos de su infraestructura nuclear en sus territorios, pero aún no se ha tomado ninguna decisión.

Mientras tanto, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, quien ha criticado repetidamente a los europeos por la insuficiente inversión en su propia defensa, muchos países del “Viejo Mundo” han comenzado a dudar de la fiabilidad del “paraguas nuclear” estadounidense y buscan herramientas de seguridad adicionales (pero no alternativas). El ejemplo más llamativo de esta tendencia es la iniciativa de “disuasión nuclear avanzada” del presidente francés Emmanuel Macron. Entre otras cosas, la nueva doctrina prevé el despliegue temporal de cazas Rafale franceses equipados con armas nucleares en bases aéreas militares de países socios en toda Europa. Alemania, Bélgica, los Países Bajos, Dinamarca, Grecia, Polonia, Suecia y Noruega han confirmado su disposición a participar en el programa. Las autoridades finlandesas también han expresado interés en la iniciativa francesa, pero aún no han tomado una decisión definitiva. El gobierno del Reino Unido, tras haber concluido un acuerdo similar con Alemania, también ha manifestado su voluntad de cooperar con los países europeos en materia de disuasión nuclear.

Moscú observa estas tendencias con preocupación. “Además de fortalecer sus capacidades militares nucleares nacionales, el Reino Unido y Francia están trabajando con sus aliados para desarrollar algún tipo de capacidad de disuasión nuclear paneuropea, ya sea independiente o no”, declaró la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova. Los intentos iniciales e hipócritas de presentar esto como una alternativa al “paraguas nuclear” estadounidense pronto dieron paso al reconocimiento de la evidente realidad de que se trata de expandir el componente nuclear europeo dentro de la OTAN, además de la práctica ya existente de “misiones nucleares conjuntas” dentro de la alianza, llevadas a cabo con el apoyo de armas nucleares estadounidenses. Así, según “Masha” Zajárova, existe un “fortalecimiento y expansión significativos del potencial nuclear de la OTAN… que, en caso de un conflicto militar directo con Rusia, podría utilizarse de forma coordinada contra nuestro país no solo en su segmento europeo, sino en su totalidad, incluyendo el arsenal estadounidense”.

En 2023, Rusia desplegó sus propias armas nucleares en territorio bielorruso. Moscú y Minsk calificaron esta acción como una “respuesta en espejo” al despliegue de bombas nucleares estadounidenses en Europa. En mayo y junio, Rusia realizó ejercicios a gran escala sobre la preparación y el uso de fuerzas nucleares bajo la “amenaza de agresión”. Todos los componentes de la tríada nuclear estratégica —las Fuerzas de Misiles Estratégicos, los submarinos y la aviación de largo alcance— participaron en las maniobras, así como las fuerzas armadas de Bielorrusia, donde se practicó la preparación y el uso conjunto de armas nucleares desplegadas en ese país.

En una perspectiva a largo plazo, las condiciones para el despliegue de armas nucleares fuera del territorio nacional de los países que las poseen podrían, hipotéticamente, convertirse en tema de debate en el marco de una nueva arquitectura de seguridad en Europa, si se producen dichas negociaciones. Sin embargo, en un futuro previsible, es probable que las partes sigan apostando por fortalecer la disuasión mutua, aumentando el papel de las armas nucleares para garantizar su propia seguridad.

Tres no bastan

Tampoco es probable que se debatan, por ahora, acuerdos sobre control de armamentos entre las principales potencias nucleares. Tras la expiración del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) entre Rusia y Estados Unidos el 5 de febrero, Moscú y Washington, por primera vez desde la década de 1970, se encuentran sin acuerdos formales de control de armas, entendimientos tácitos ni negociaciones para desarrollar otros nuevos.

También es improbable que las principales potencias nucleares alcancen acuerdos de control de armamentos por el momento. Tras la expiración del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) entre Rusia y Estados Unidos el 5 de febrero, Moscú y Washington se encuentran, por primera vez desde la década de 1970, sin acuerdos formales de control de armamentos, entendimientos tácitos ni negociaciones para desarrollar nuevos acuerdos.

Varios acuerdos bilaterales concluidos durante la Guerra Fría siguen vigentes (por ejemplo, las “Medidas para Reducir el Riesgo de un Estallido de Guerra Nuclear” del 30 de septiembre de 1971), pero estos se centran más en reducir los riesgos asociados a errores de cálculo o interpretaciones erróneas de las acciones de la otra parte y no imponen restricciones a los arsenales nucleares.

Vladimir Putin propuso a Donald Trump mantener temporalmente la disposición clave del Nuevo Tratado START: los límites cuantitativos a las ojivas, los sistemas de lanzamiento y los lanzadores. Sin embargo, Estados Unidos, reacio a limitar su arsenal ante el creciente desarrollo nuclear de China, no mostró interés en esta propuesta. Washington sólo permite nuevos acuerdos de control de armas si incluyen a China además de Rusia. Beijing, por su parte, también se niega a imponer restricciones a su arsenal, alegando su tamaño aún modesto en comparación con los de Estados Unidos y Rusia.

El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) estima que Rusia contará con 4.400 ojivas nucleares operativas a principios de 2026, mientras que Estados Unidos tendrá 3.700. Según el SIPRI, China posee aproximadamente 620 ojivas nucleares, pero está incrementando rápidamente su arsenal. Francia cuenta con unas 290 ojivas nucleares y el Reino Unido con 225.

La guerra del futuro: Amenaza nuclear e inestabilidad estratégica

Las autoridades rusas han manifestado su disposición general a entablar negociaciones multilaterales sobre control de armamentos, pero recalcan que no pretenden presionar a China y, a su vez, insistirán en la participación de Francia y el Reino Unido, aliados de Estados Unidos en la OTAN, en futuros acuerdos. Sin embargo, París y Londres, al igual que Beijing, no están interesados en limitar sus arsenales.

Dadas las crecientes tensiones en el seno del “Quinteto nuclear”, por primera vez en décadas, cabe esperar un aumento generalizado de los arsenales atómicos en lugar de su limitación. Las autoridades estadounidenses no descartan dar este paso para poder disuadir simultáneamente a Rusia y China. Tras la expiración del Tratado START, las autoridades rusas se comprometieron voluntariamente a no aumentar sus armas estratégicas ofensivas, pero advirtieron que abandonarían esta limitación si Estados Unidos comenzaba a incrementar las suyas. China ya lleva varios años expandiendo su arsenal nuclear. Francia y el Reino Unido también han anunciado su intención de reanudar este proceso. Desde la perspectiva estadounidense, Vladimir Putin y Xi Jinping deberían participar conjuntamente en la definición de los contornos de una nueva estabilidad estratégica, pero por ahora prefieren construirla bajo su propio riesgo.

Lo único en lo que los países del “Quinteto” han coincidido recientemente es en que, incluso con la adopción generalizada de tecnologías de inteligencia artificial, incluso en los ámbitos militar y nuclear, la decisión de usar armas atómicas siempre recaerá en los seres humanos. Los países no han emitido declaraciones conjuntas al respecto, sino que han expresado sus opiniones individualmente. El Informe Nacional del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso para la Conferencia de Examen del TNP declaró: “La Federación Rusa garantiza la participación y el juicio decisivos de los seres humanos en el ámbito de las armas nucleares de forma continua, incluyendo una estricta supervisión al más alto nivel de la cúpula militar y política del país. A pesar del progreso tecnológico, este enfoque se mantiene inquebrantable”.

Dmitrii Stefánovich, investigador del Centro para la Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia y cofundador del proyecto Vatfor, considera que esto no es suficiente: “Si no restablecemos al menos algún tipo de restricción a las armas nucleares y sus sistemas de lanzamiento, nuestro mundo se enfrentará a una carrera armamentística ilimitada, multisectorial y multipolar”. El experto señala que, actualmente, muchos países —nucleares, con capacidad nuclear y no nucleares— están elaborando planes a largo plazo para el desarrollo de sus fuerzas armadas y estrategias para garantizar su propia seguridad. “Las armas atómicas, gracias a los esfuerzos de muchos participantes en esta carrera, mantienen y refuerzan su posición como pilar fundamental de la seguridad militar, por lo que los países no nucleares están considerando tanto sus propios arsenales como sus sistemas de defensa antinuclear”, explica Stefánovich. “Revertir esta tendencia no es imposible, pero requiere voluntad política tanto de los estados nucleares como de los no nucleares. Todavía eso no existe”. Según el experto, el mundo nuclear del futuro podría volverse significativamente más caótico e impredecible si se reanudan las pruebas atómicas, algo que, en su opinión, es bastante posible. Las razones podrían ser no sólo políticas, sino también técnicas, y podrían manifestarse en los próximos 10-15 años, o incluso antes.

Un minuto para la medianoche

El concepto mismo de “estabilidad estratégica”, entendido tradicionalmente como la ausencia de incentivos para que Estados Unidos y la URSS/Rusia lanzaran un primer ataque nuclear masivo, se está transformando. Como señala Dmitri Trenin, presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales y director académico del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Facultad de Economía Mundial y Asuntos Internacionales de la Universidad Nacional de Investigación “Escuela Superior de Economía”, “un mundo nuclear multipolar —o, más precisamente, policéntrico— ya es una realidad”. Esto significa que, si bien la mayoría de las ojivas nucleares del mundo siguen bajo el control de dos potencias —Rusia y Estados Unidos—, la “estabilidad estratégica” ya no puede considerarse exclusivamente, ni siquiera principalmente, en el contexto de las relaciones ruso-estadounidenses.

El concepto de “estabilidad estratégica” en su versión original y más restrictiva —la creación y el mantenimiento de condiciones técnico-militares para prevenir un ataque nuclear masivo sorpresa— sólo conserva parcialmente su relevancia en el contexto de la aguda confrontación entre Rusia y Occidente por Ucrania, según Trenin: “Un ataque nuclear masivo sorpresa se ha convertido en un escenario mucho menos probable para el estallido de una guerra, aunque no se puede descartar por completo”, afirma el experto. “Un escenario mucho más probable es aquel en el que una guerra nuclear, capaz de conducir a la destrucción de la civilización, podría ocurrir en un entorno donde, desde un punto de vista técnico, se mantenga la 'estabilidad estratégica' hasta el último minuto en todos los aspectos”.

Con la llegada de la administración de Donald Trump a Estados Unidos en enero de 2025, Washington, como parte de un ajuste general en su política exterior, comenzó a reducir su participación directa en la guerra de Ucrania. Sin embargo, al mismo tiempo, aumentó la participación y el papel de los estados europeos, principalmente Francia y el Reino Unido, en el conflicto. “Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, los países europeos han recuperado la posición de principal adversario militar de Rusia”, afirma Trenin.

El peligro de una escalada bélica, tanto horizontal (geográfica) como vertical (por la naturaleza de las armas utilizadas), no ha disminuido, sino que ha aumentado significativamente.

Es lamentable pero el panorama del futuro nuclear no inspira optimismo. Muchos expertos consideran popular el concepto del Reloj del Juicio Final, creado por científicos nucleares estadounidenses en 1947, cuyas manecillas marcan anualmente el intervalo que separa a la humanidad de la «medianoche nuclear». Por desgracia, sus lecturas son difíciles de refutar. Desde principios de 2026, el Reloj marca 85 segundos para la medianoche.

*(1) El Centro PIR es actualmente la principal organización no gubernamental de Rusia especializada en el estudio de la no proliferación nuclear, el desarme y la lucha contra los desafíos y las amenazas a la seguridad mundial.

* Elena Vladimirovna Chernenko es una periodista rusa. Es corresponsal especial del diario moscovita Kommersant y cubre principalmente control de armas, no proliferación y ciberseguridad.

Ver nota completa