Redacción · Junio 2026 · Opinión

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Las capacidades nucleares argentinas en el contexto BRICS

Creo que no es aventurado afirmar que el principio de reconocer la soberanía de sus estados integrantes es esencial a las condiciones de que gozan los miembros del BRICS.
Gabriel N. Barcelóescribe: Gabriel N. Barceló

Sin embargo, y como parte de ese respeto, corresponde a los estados miembros preocuparse por su propia soberanía. Cuando seamos miembros, porque lo seremos, no debiéramos esperar que nuestros socios BRICS se preocupen por lo que nosotros no sepamos defender, antes que nada, con el voto.

El gobierno de Milei asfixia presupuestariamente a los organismos nucleares, mientras sus funcionarios los expolian, somete a la miseria a los científicos y tecnólogos, cancela proyectos estratégicos mientras impone decretos que obligan a abrir la información tecnológica a quien quiera espiarla, favorece la migración de personal fundamental a empresas extranjeras que funcionan a la vuelta de la esquina de los centros de CNEA y de NASA para fomentar la migración, está discutiendo la venta por migajas de la infraestructura nuclear a los enemigos de siempre para satisfacer a los amigos (esas malas compañías, si las hay…) del presidente.

Designa para formular un plan nuclear a un individuo que piensa que los argentinos son un estorbo mientras dilapida los fondos de las empresas nucleares en playas, freeshops y peluquerías del mundo.

Y, desde ese caldo, pretende afirmar que tiene alguna intención de formular una política nuclear virtuosa.

Los empleados de Milei han dado a luz un documento que, en principio, responde a un principio muy peronista: propone, al menos, formular principios destinados a planificar una política para el sector. Claro que, si los principios de la planificación están mal, la planificación nos va a llevar a donde no queremos ni debemos ir.

Por supuesto no le llaman planificación, porque el estado planificador es anatema para ellos. Pero de eso se trata. Y es inconstitucional porque otorga, por decreto, a una Secretaría, funciones que corresponden, por ley, a la CNEA. Y, encima, el secretario no sabe nada del negocio.

Los principios que formulan pretenden llevarnos a un sistema donde solo se busca el rédito inmediato. Si el Sistema Nuclear Argentino se hubiera basado en esos principios jamás hubiéramos vendido reactores nucleares de investigación, ni podido reparar las dos Atuchas y extender con nuestros propios recursos la vida de Embalse. Y culpa a los entes nucleares por la falta o demora en alcanzar logros que, en realidad, son fruto de los sabotajes y zancadillas propiciados por gobiernos del mismo signo que el actual.

La propuesta de desarrollo y mantenimiento de capacidades industriales se reduce a la de ciertas elaboraciones del uranio que planean exportar, afirmando que se “preocupan” por que el uranio incorpore valor agregado.

Pero ignoran, o parecen ignorar, que el valor del combustible jamás pasa del 15 % del costo de generación nuclear, y que el uranio es una porción menor de ese costo. Y que el gran valor agregado está en los equipos y partes de centrales nucleares, como las que Argentina fabricó entre 2015 y 2020 para la extensión de vida de Embalse. Argentina tiene, todavía, los equipos industriales y el conocimiento necesario para producir esos equipos para sí y para exportar. Estas capacidades serán una ventaja industrial esencial cuando seamos parte de los BRICS.

Cuando, en 2014 y 2015, se negociaba con China dos nuevas centrales nucleares, los asiáticos estaban dispuestos a financiar una primera CANDU, con tecnología argentina. Solo proveerían la parte convencional, especialmente el turbogrupo. La segunda sería una Hualong, de tecnología china.

Incluso hubiera sido posible proveer, al menos, parte de dos CANDU que China estaba pensando adquirir.

En un gobierno donde el Estado recupere su rol planificador, este tipo de relación económica debiera ser rectora en nuestras relaciones con los demás miembros de BRICS.

Si la idea del “win – win” que formula China se cumple, se debiera poder negociar, de Estado a Estado, nichos industriales donde los socios de mayor desarrollo no obstaculicen, e incluso contribuyan a nuestro protagonismo a condición de que Argentina siga recurriendo a ellos para otras actividades del mismo u otro sector de la economía.

Siendo la industria la actividad fundamental a la hora de asegurar la distribución de la riqueza, la política win- win de los BRICS no puede ignorar la necesidad de los países de contar con ella de una manera proporcionada y suficiente, dentro de las posibilidades de cada uno.