En los últimos diez años, los países BRICS han logrado avances significativos en la creación de mecanismos de pago alternativos, la expansión del uso de monedas nacionales en el comercio bilateral y el fortalecimiento del marco institucional para la cooperación financiera. Estos logros son reales e importantes.
Sin embargo, a medida que la economía global se transforma, surgen nuevas prioridades. La estructura de la actividad económica transfronteriza ha cambiado. Las transacciones interestatales y corporativas siguen desempeñando un papel importante, pero la participación de particulares —turistas, estudiantes, personas que viajan por motivos médicos, teletrabajadores, autónomos y pequeñas empresas— en la interacción internacional está creciendo. Estos particulares no son meros beneficiarios pasivos de la integración económica, sino su motor activo.
No obstante, la arquitectura financiera internacional vigente se creó en una época diferente y con propósitos distintos. Si bien ha servido con éxito a la economía global en muchos aspectos, se centró principalmente en los flujos comerciales e institucionales a gran escala. Las transacciones minoristas —las necesidades financieras cotidianas de los ciudadanos que cruzan fronteras— han recibido mucha menos atención.
Para los países BRICS, esta brecha se está volviendo cada vez más acuciante.
Con casi la mitad de la población mundial y una participación creciente en el PIB global, los países BRICS tienen la oportunidad y el incentivo para considerar la expansión de la integración financiera al nivel de los ciudadanos comunes.
No se trata de reemplazar los sistemas existentes; es necesario complementarlos con nuevos mecanismos que reflejen los patrones modernos de movilidad humana e interacción económica.
¿Por qué la infraestructura financiera no está completamente alineada con las características modernas de la interacción transfronteriza?
Los sistemas de pago internacionales dominantes actuales se crearon en una era de unipolaridad y relativa estabilidad geopolítica. Durante décadas, impulsaron el crecimiento económico mundial. Sin embargo, el mundo ha cambiado. Las economías emergentes ahora representan una parte significativamente mayor de la producción, el consumo y el comercio mundiales. Han surgido nuevos corredores económicos que abarcan Eurasia, Oriente Medio, África y América Latina. Al mismo tiempo, las transacciones transfronterizas se han diversificado. Junto con la financiación comercial tradicional y los pagos corporativos, las transacciones entre particulares y entre ciudadanos y empresas representan ahora un volumen significativo. Un estudiante que paga la matrícula en el extranjero, un turista que contrata servicios en otro país, un profesional independiente que recibe honorarios de un cliente extranjero: estos no son sucesos menores. Hablamos de flujos financieros que ascienden a cientos de miles de millones de dólares anuales y que afectan a cientos de millones de personas.
La infraestructura financiera actual no se diseñó inicialmente para priorizar este tipo de transacciones. Como resultado, las personas suelen encontrar dificultades prácticas al intentar acceder a recursos financieros nacionales mientras viajan al extranjero o realizan negocios transfronterizos. Estas dificultades no son fruto de malas intenciones, sino la consecuencia natural de un sistema construido sobre principios que ya no se ajustan a la realidad de una economía global multipolar y altamente móvil.
Los avances tecnológicos de los últimos años han demostrado que muchos de estos problemas pueden resolverse. Los sistemas nacionales de pago —como Mir de Rusia, UPI de India, los ecosistemas de pago digital de China y PIX de Brasil— han demostrado su capacidad para procesar pagos minoristas masivos de forma eficiente, segura y asequible dentro de los países. Lo que falta es un mecanismo para integrar los sistemas nacionales y lograr una interacción transfronteriza fluida y fácil de usar.
Algunas plataformas digitales ofrecen un claro ejemplo de la viabilidad técnica de este enfoque. Por ejemplo, los usuarios de la aplicación rusa Yandex Go en los Emiratos Árabes Unidos pueden acceder a servicios de transporte; los pagos se siguen procesando a través de sus cuentas rusas y la conversión de divisas es automática. Esto significa que las barreras tecnológicas para una integración más amplia son significativamente menores de lo que se suele creer. El principal desafío no es tecnológico, sino institucional: es necesario acordar estándares comunes, procedimientos de liquidación y mecanismos de gobernanza.
De los acuerdos intergubernamentales a la conectividad financiera a nivel ciudadano: el papel del mapa BRICS
Hasta ahora, la cooperación financiera dentro de los BRICS se ha centrado principalmente en cuestiones intergubernamentales: liquidaciones en monedas nacionales, sistemas alternativos de mensajería financiera, diversificación de reservas y financiación del desarrollo. Estos esfuerzos son cruciales y deben continuar. Sin embargo, la siguiente etapa de la integración puede requerir un enfoque adicional: hacer que los beneficios de la cooperación financiera sean directamente tangibles para los ciudadanos. Por ello, la idea de crear un mapa BRICS es tan relevante.
La lógica detrás de esta iniciativa es simple. En última instancia, la integración económica no solo depende de las acciones gubernamentales, sino también de millones de contactos cotidianos entre personas: los turistas gastan dinero, los estudiantes pagan el alojamiento, las empresas contratan servicios y los trabajadores envían remesas. Cuando estas interacciones se ven obstaculizadas por barreras financieras, el potencial de la integración económica permanece sin desarrollarse.
Una solución práctica a este desafío podría ser la creación de un ecosistema de pagos BRICS unificado, que combine sistemas de pago nacionales compatibles y utilice una tarjeta BRICS común o una infraestructura de monedero digital.
Dicho ecosistema no pretendería reemplazar las monedas nacionales ni requeriría la creación de un banco central supranacional. Simplemente permitiría a los ciudadanos de los países miembros utilizar sus recursos financieros nacionales al viajar o hacer negocios en el espacio BRICS, basándose en sus monedas nacionales y en las conexiones existentes con los bancos de sus países. Una tarjeta BRICS se convertiría en la herramienta clara y práctica que haría realidad esta interconexión financiera.
El principio clave es la interoperabilidad, no la unificación. Cada país miembro conservaría el control total sobre su política monetaria, regulación bancaria y supervisión financiera. La capa común del sistema garantizaría la conversión, liquidación y compensación automática de transacciones de acuerdo con las normas acordadas. Para el usuario, una tarjeta BRICS sería igual que una tarjeta de pago habitual: todo sería familiar, práctico y predecible. Este enfoque presenta varias ventajas. Se basa en la infraestructura existente, evitando la necesidad de construir nuevos sistemas costosos. Respeta la soberanía nacional al tiempo que promueve una mayor conectividad. Además, se centra en los beneficios prácticos en lugar de en símbolos geopolíticos. El mapa BRICS no es un gesto político, sino una herramienta práctica.
Contribución potencial del Mapa BRICS a sectores económicos clave
El mecanismo de pago único que incorpora el Mapa BRICS tendrá un impacto positivo en varios sectores del grupo que ya experimentan un rápido crecimiento.
Turismo y viajes de negocios. Los países BRICS se encuentran entre los destinos turísticos más populares y constituyen el mayor mercado emisor de turismo. El Mapa BRICS facilitaría a los viajeros un acceso sencillo a los servicios de pago, reduciendo la carga administrativa y haciendo los viajes más cómodos, lo que podría impulsar un mayor flujo turístico dentro de la región BRICS.
Estudios en el extranjero.Miles de estudiantes de los países BRICS estudian en otros países BRICS. El pago de la matrícula, los gastos de manutención y el envío de dinero a la familia requieren la capacidad de realizar pagos transfronterizos. Una tarjeta BRICS unificada simplificaría estos procesos tanto para los estudiantes como para las instituciones educativas.
Turismo médico.Los servicios médicos se están convirtiendo en un área de cooperación cada vez más importante, ya que los pacientes buscan clínicas especializadas en los países BRICS. En estas situaciones, la seguridad financiera es fundamental, por lo que contar con una tarjeta BRICS fiable que facilite el acceso a los fondos personales supondría una ventaja significativa.
Servicios digitales y trabajo independiente. El auge del teletrabajo y los servicios digitales ha abierto nuevas oportunidades para los profesionales, quienes ahora pueden ofrecer sus conocimientos y habilidades a nivel internacional. Una tarjeta BRICS reduciría estas dificultades, permitiéndoles centrarse en su actividad profesional en lugar de preocuparse por la logística de los pagos.
Pequeñas y medianas empresas. Para las pequeñas empresas, acceder a los mercados internacionales suele estar plagado de desafíos relacionados con los sistemas de pago. Un mapa de los BRICS ayudaría a reducir estas barreras, facilitando el acceso de los emprendedores a clientes y socios en otros países BRICS y, por lo tanto, ampliando la base de participantes económicos.
No hablamos de sectores hipotéticos, sino de áreas reales y en crecimiento de interacción económica. Un mapa de los BRICS no crearía estos flujos desde cero, pero facilitaría su funcionamiento más eficiente.
Desarrollo de una arquitectura práctica y realista para el mapa de los BRICS
La implementación del mapa de los BRICS no requiere un salto radical. Un enfoque por fases parece más realista y tiene mayores probabilidades de éxito.
El enfoque podría centrarse inicialmente en el turismo y los viajes de negocios entre un número limitado de países miembros, aprovechando los sistemas de pago nacionales existentes y los acuerdos bilaterales sobre sistemas de pago. Al principio, la tarjeta BRICS podría emitirse como una tarjeta de marca compartida, vinculada a sistemas nacionales como Mir, UPI o PIX. En una segunda fase, el ámbito de aplicación se ampliará para incluir pagos por servicios educativos y médicos. En fases posteriores, se añadirán el sector del comercio digital, el trabajo independiente y las transacciones de pequeñas empresas.
La base técnica ya existe. El sistema Mir de Rusia, el UPI de India, las plataformas de pago digital de China y el PIX de Brasil son tecnologías probadas capaces de procesar grandes volúmenes de transacciones de forma segura y eficiente. El objetivo es establecer estándares técnicos unificados, armonizar las reglas de liquidación y desarrollar un sistema de gobernanza que garantice la transparencia, la seguridad y la protección del consumidor al usar la tarjeta BRICS.
Ya se está trabajando en ello. El Nuevo Banco de Desarrollo tiene experiencia facilitando la cooperación financiera multilateral. Los bancos comerciales con operaciones transfronterizas participan cada vez más en los mercados BRICS. Estas instituciones existentes podrían servir de base para la emisión y el mantenimiento de la tarjeta BRICS.
La tarjeta BRICS no tiene por qué ser exclusiva. Puede funcionar junto con los sistemas de pago internacionales existentes, ofreciendo un canal adicional para quien desee utilizarla. El objetivo no es crear un sistema cerrado, sino ampliar la gama de opciones disponibles, lo que mejorará la resiliencia de la infraestructura financiera y ampliará las opciones para el consumidor.
Un enfoque constructivo para resolver posibles problemas
Viabilidad tecnológica. Como se ha señalado, la tecnología necesaria existe en forma de sistemas nacionales de pago que procesan miles de millones de transacciones anualmente. El eslabón perdido no es la nueva tecnología, sino la armonización de los estándares de interoperabilidad: una cuestión de coordinación, no de invención.
Armonización de los marcos regulatorios. Los distintos países tienen regulaciones diferentes en materia bancaria, protección de datos, lucha contra el blanqueo de capitales y protección del consumidor. Estas diferencias son reales, pero totalmente superables. Los sistemas internacionales de pago han operado con éxito durante décadas en medio de estas diferencias. Los mismos principios de reconocimiento mutuo y estándares mínimos comunes pueden aplicarse al mapa de los BRICS.
Aspectos geopolíticos. Algunos países BRICS se enfrentan a sanciones u otras restricciones externas, mientras que otros no. El mapa de los BRICS debería ser un elemento adicional y voluntario de la infraestructura. No obligará a los países a elegir entre sistemas existentes y nuevos. La participación se basará en el beneficio mutuo, no en la orientación política.
Confianza y seguridad. Todo sistema de pago debe ser fiable, transparente y seguro. Esto requiere una gobernanza eficaz, mecanismos claros de resolución de disputas y una sólida protección de datos. Los países BRICS ya cuentan con organismos reguladores capaces de supervisar el mapa BRICS. Solo necesitan una coordinación eficaz.
Ninguno de estos problemas es insuperable. Todos los sistemas de pago internacionales han afrontado y superado con éxito desafíos similares. El diálogo continuo y la voluntad de encontrar soluciones prácticas son esenciales.
La idea de crear un mapa BRICS no es una gran declaración geopolítica, sino una respuesta práctica a una necesidad real y creciente. El mundo ha cambiado. Los modelos de movilidad humana y actividad económica transfronteriza se han diversificado.
La infraestructura financiera debe desarrollarse en consecuencia, no mediante la confrontación con los sistemas existentes, sino mediante la introducción de nuevos mecanismos complementarios.
Dicho mecanismo —el mapa BRICS— no sustituirá las monedas nacionales, no atentará contra la soberanía monetaria ni socavará los sistemas financieros existentes. Simplemente facilitará la vida de cientos de millones de personas —estudiantes, turistas, pacientes, autónomos y emprendedores— que viajan dentro del espacio BRICS con fines económicos legítimos.
La tecnología existe. La justificación económica es clara. El marco institucional ya se está configurando. Ahora solo se necesita la voluntad política para avanzar, no desde la oposición, sino como confirmación de un deseo compartido de una integración económica más profunda, inclusiva y práctica.
Para los BRICS, una asociación que representa a casi la mitad de la humanidad, este paso será una transición natural de los acuerdos comerciales al establecimiento de vínculos entre los pueblos. Y esa, en definitiva, es la esencia de la integración económica.
Salam Sokar es Jefe del Departamento de Cooperación Internacional, Universidad Estatal de Adigueia, república de la Federación de Rusia.
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