Redacción · Julio 2026 · Opinión

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Palantir-II: La soberanía de la IA, los datos y la seguridad nacional

La mayoría discute sobre qué modelo es más inteligente, cuál tiene una ventana de contexto más amplia o qué red neuronal escribe código más rápido. La notoria, e incluso algo siniestra, corporación Palantir parece completamente desinteresada en estas cuestiones.
Alexandr Kamenovescribe: Alexandr Kamenov (RIA Nóvosti)
Hernando Kleimanstraducción y adaptación:Hernando Kleimans

Hay una característica interesante en prácticamente todos los debates sobre inteligencia artificial. La mayoría discute sobre qué modelo es más inteligente, cuál tiene una ventana de contexto más amplia o qué red neuronal escribe código más rápido.

La notoria, e incluso algo siniestra, corporación Palantir parece completamente desinteresada en estas cuestiones.

El nuevo manifiesto de la compañía se centra en un tema diferente. Apenas menciona la competencia entre modelos. En cambio, Palantir propone considerar la inteligencia artificial como una infraestructura sin la cual no se puede garantizar ni la competitividad económica ni la seguridad nacional. Sin embargo, el enfoque no está en los modelos, sino en los datos: “Los datos son su tesoro. Si los entrega, lo arriesga todo”. Para Palantir, la soberanía se está convirtiendo en el principio fundamental y más importante que debe guiarnos en el mundo emergente de la IA: “Su soberanía en IA determina el futuro de la organización. Sin soberanía, no hay elección. Si la renuncia, otros tomarán decisiones por usted. Y actuarán en su propio interés, no en el suyo”.

En los últimos años, las empresas han utilizado la IA de forma sencilla: los datos se envían a servicios externos en la nube, el modelo procesa la solicitud y devuelve un resultado. Este enfoque se ha convertido en el estándar.

Palantir cree que aquí reside un desafío estratégico clave.

Los datos dejan de ser un simple activo corporativo para convertirse en la base de la soberanía. Cuando la información crítica se procesa constantemente fuera de los límites de una organización o país, la comodidad conlleva dependencia. Ya sea una agencia gubernamental, un banco o una empresa industrial, el control de los datos se convierte en parte fundamental de la independencia.

Por eso, el nuevo documento es más importante de lo que parece.

Este es el segundo manifiesto de la compañía en los últimos meses. En la primavera (boreal, HK) de 2026, Palantir presentó 22 tesis sobre tecnología, gobierno y el papel de los ingenieros, que en su momento fueron interpretadas como una declaración filosófica sobre el futuro del sector.

Ahora está claro que esto era sólo la primera parte de un concepto más amplio.

El nuevo documento continúa esta línea, pero con un énfasis diferente: mientras que el primer manifiesto explicaba por qué la tecnología se está convirtiendo en la base del poder de los estados modernos, el segundo aclara qué es precisamente lo que debe controlarse para mantener dicho poder.

La respuesta de la empresa es inequívoca: los datos, luego la capacidad de procesamiento, los modelos y la infraestructura sobre la que operan.

A primera vista, esto puede parecer obvio, pero hay una lógica más profunda detrás.

Palantir propone abandonar la idea de la IA como un servicio que simplemente se puede alquilar a un proveedor externo. La verdadera soberanía es imposible si los datos más valiosos se encuentran fuera de la propia red.

Por lo tanto, el manifiesto enfatiza repetidamente la necesidad de un control total sobre los datos, no sólo legal sino también técnico. No basta con firmar un contrato con un proveedor de la nube: es esencial que los datos, los modelos y la infraestructura no se conviertan en una fuente de dependencia externa.

Aquí es donde se produce un cambio clave.

Ampliando la lógica del manifiesto, las empresas tecnológicas dejan de ser meros proveedores de software. Se están convirtiendo en creadoras de infraestructuras críticas, de las que depende directamente la capacidad de los países y las grandes organizaciones para mantener su independencia tecnológica.

El Estado, sin embargo, sigue siendo el principal actor político. Pero su independencia está cada vez más determinada por sus propios datos, su propia infraestructura de IA y las empresas capaces de respaldarla.

En definitiva, el manifiesto debe considerarse algo más que un simple documento sobre inteligencia artificial.

Se trata de acumular ventajas. Si los datos son utilizados por sistemas externos, una organización pierde no sólo información, sino también la capacidad de desarrollar su propio capital intelectual.

En esencia, este texto describe cómo se está formando un nuevo tipo de dependencia tecnológica: a través de datos, infraestructuras y algoritmos, que determinarán la resiliencia de los Estados y las empresas en los próximos años.

Palantir, por lo tanto, está cambiando su posicionamiento. La empresa ya no habla de software, sino del papel de la industria tecnológica como creadora de la infraestructura estratégica del siglo XXI. Y si esta lógica resulta ser correcta, la pregunta principal del futuro cercano no será “¿Qué modelo es mejor?”, sino “¿Dónde están los datos, quién los controla y quién se beneficia de su uso?”.