Hoy nos contesta Gabriel Barceló, Ingeniero Mecánico y Doctor en Física. Fue vicedirector de Ingeniería Nuclear del Instituto Balseiro y Gerente de Asuntos Institucionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica. También ha sido Director de Nucleoeléctrica Argentina S. A. (NA.SA).
Estas fueron sus respuestas:
Pregunta: ¿ Pueden transformar las crisis actuales en una guerra nuclear?
Respuesta: Hace un año te hubiera dicho que no. Hoy ya no estoy tan seguro.
Durante muchos años ha prevalecido el concepto MAD, que, en inglés, además de querer decir “loco”, es la sigla de “Mutual Assured Destruction” o “Destrucción Mutua Asegurada” en resumen: nadie puede ganar una guerra nuclear. La idea es que cualquier guerra nuclear se plantea, al inicio, como una explosión de demostración en una ciudad chica o incluso en un territorio despoblado, que sería respondida por una acción, casi con seguridad, más dañina por parte del agredido. Esto llevaría a una escalada que termina en una guerra nuclear total de la que todos los participantes saldrían con daños humanos y materiales irreparables y que, si los contrincantes son las dos grandes potencias nucleares (Rusia y EEUU), pondría en peligro la misma subsistencia de la especie humana.
Pero últimamente, tanto en Occidente (EEUU y Europa) como en Rusia han aparecido especialistas que han comenzado a opinar en contra de esa teoría MAD. Sea porque sienten el orden mundial amenazado o porque descreen de la voluntad del adversario de avanzar en una escalada, están comenzando a opinar que una guerra nuclear sí puede ser ganada y que, probablemente, sea la única manera de asegurar la permanencia de las formas de vida, paradigmas y valores de su “lado de la grieta”.
Personalmente veo al conflicto de Ucrania como el que tiene más posibilidades de derivar en un conflicto generalizado entre las dos grandes potencias nucleares. La guerra de Irán puede llevar al uso de armas nucleares por parte de Israel, esto sería un crimen humanitario, por supuesto, y una tremenda tragedia. Además de llevar a la ruptura definitiva de todo el esquema de No Proliferación. Pero muy posiblemente no lleve a una extensión del uso de armas nucleares más allá de la región, al menos no en un lapso de algunos años.
P: ¿Cuáles serían las consecuencias de una guerra nuclear?
R: Incluso si esta escalada se da entre dos potencias nucleares menores, como India y Pakistan, el impacto sobre la biosfera sería considerable. Se esperan efectos sobre el clima, una reducción en la temperatura global y, consecuentemente, cierta pérdida en las cosechas que causaría desabastecimiento de alimentos y hambrunas. Un ataque nuclear sobre Irán con unas 20 o 30 bombas tendría consecuencias bastante menos graves para el resto del planeta, si bien sería un crimen de lesa humanidad, y provocaría un daño posiblemente irreparable sobre Irán.
Pero si esta escalada se da entre las dos potencias que poseen la mayor cantidad de armas, Estados Unidos y Rusia, los efectos implicarían la muerte de un porcentaje tremendo de la población mundial.
Existen modelos matemáticos que incorporan modelos parciales e interactuantes que incluyen desde la dinámica de las partículas de hollín causadas, principalmente, por la combustión de los combustibles fósiles de las ciudades hasta modelos de consumo de alimentos. Estos modelos indican que el efecto sería sobre todo en el hemisferio norte, donde se producirían todas o casi todas las explosiones. Y que las consecuencias no serían tanto debido a las explosiones y a las radiaciones involucradas en las explosiones como al cambio climático que provocaría el hollín desprendido y que cubriría al sol, sobre todo en ese hemisferio durante unos 10 años. Esto reduciría las temperaturas unos 30 o 40 grados por debajo de las normales para cada época del año, lo que, a su vez, haría imposible la agricultura.
Es decir que la mayoría de las muertes ocurrirían por hambre y frío, no por las explosiones ni la exposición a radiaciones.
El hemisferio sur sufriría condiciones menos graves, y el sur de América y el suroeste de Australia pasarían esos 10 años con condiciones más cercanas a lo normal, lo que permitiría algunas cosechas y la supervivencia de, quizá, algunos millones de personas.
P: ¿Qué lecciones puede sacar la argentina de la actual situación? ¿Tiene sentido seguir renunciando al arma nuclear?
R: Esta pregunta se la están haciendo, seguramente, muchas potencias intermedias firmantes del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.
No cabe duda de que la posesión de armas nucleares asegura, por ejemplo, que no se ataque a Corea del Norte, si bien también es cierto que ese país no se encuentra en la posición geopolítica en la que se encuentra Irán. Pero es casi seguro que, tanto los países que tienen una relación lejana con Estados Unidos, como los que confiaban, hasta hoy, en ese país para su propia defensa, están considerando la posibilidad de hacerse con armas nucleares como única garantía de no ser atacados, incluso con armas nucleares.Este análisis necesita incorporar no solo opiniones técnicas nucleares sino sobre todo opiniones políticas, diplomáticas, de defensa y muchas otras.
Personalmente, y estando muy lejos de poder opinar sobre todas esas cosas, pienso que, analizando con frialdad la cosa, se debe hacer un análisis de costo/beneficio. Qué costo económico, político, social, etc., tendría para la Argentina, llegar a tener el disuasivo nuclear. En mi opinión, y para el caso de nuestro país, el costo es demasiado alto. Pero en todo ese análisis hay que incluir el hecho que nuestro conflicto más claro y evidente es con una potencia nuclear que, posiblemente ya ha amenazado con usar esa capacidad durante la guerra de Malvinas.
P: ¿Qué relación hay entre los desarrollos nucleares pacíficos y los bélicos?
R: Hay dos maneras de fabricar una bomba atómica: con uranio enriquecido de alto enriquecimiento (más del 60 % de Uranio 235 al menos, pero para hacer un artefacto portable en un misil o una bomba manejable debiera ser más del 90 %) o con Plutonio 239.
El uranio enriquecido en cualquier grado de enriquecimiento se consigue si se tiene la capacidad de enriquecer uranio con tecnología propia.
Pero si queremos tener soberanía en el uso de reactores nucleares PWR, que funcionan con uranio enriquecido, tendríamos que tener la capacidad de enriquecer uranio.
Entonces, lo que sucede a nivel de política internacional es que, si tenemos reactores PWR y queremos tener soberanía sobre la provisión de su combustible tendríamos que tener una capacidad que es “fuertemente desalentada” por las potencias nucleares, en particular a través de las instituciones internacionales ocupadas en evitar la proliferación de armas nucleares, a saber, y sobre todo, el OIEA y el Nuclear Supplieres Group. Y en esto estamos hablando de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que tienen posiciones fundamentales de decisión en esas Instituciones y son, no casualmente, los únicos a los que el Tratado de No Proliferación admite como “Poseedores” de armas nucleares y son, también, y en general, proveedores importantes de servicios de enriquecimiento para países con reactores, pero sin la capacidad de producir el combustible.
Por otro lado, el Plutonio 239 se obtiene, típicamente, mediante la irradiación de uranio natural con neutrones. En general los países que se han provisto con esta capacidad con fines bélicos realizan esta operación en reactores especiales, de agua pesada no presurizada, relativamente sencillos y baratos.
Pero el Plutonio 239 también se produce durante la fisión en un reactor generador de electricidad. Solo que en los PWR la proporción de plutonio resultante y que queda en los combustibles gastados es relativamente menor que la que ser produce en los combustibles de los reactores PHWR, que funcionan con uranio natural y agua pesada.
Este suele ser un motivo de crítica para los PHWR. Por de pronto, las instituciones mencionadas dan cierto peso al control de las fábricas de agua pesada. Pero mucho menor que el que le dan a las plantas y las tecnologías de enriquecimiento de uranio.
P: ¿Qué posibilidades tiene Argentina de tener autonomía en la construcción de reactores nucleares y sus combustibles?
R: Argentina posee tres reactores que funcionan con uranio natural y agua pesada, y fabrica sus combustibles desde prácticamente el principio de la operación de los reactores. En los '90 éramos autónomos en todas las etapas del combustible, desde la exploración del uranio hasta la disposición final del combustible gastado, si bien transitoriamente en piletas. Se estaban haciendo, incluso, estudios para la implementación de un repositorio final de combustible gastado.
Solamente importábamos una pieza semiterminada que se usa para fabricar los tubos del combustible, de un material llamado “zircalloy”.
Hoy hemos perdido varias de esas capacidades, si bien conservamos los conocimientos necesarios para volver a implementarlos cuando sea necesario – y posible.
Por otro lado, Argentina compró, junto con la central, el derecho a replicar la central nuclear de Embalse, tipo CANDU, un diseño canadiense, en cualquier parte de su territorio. Y en la década de 2010 fabricamos todas las piezas específicamente nucleares que se usaron para la extensión de vida de Embalse.
Esto quiere decir que podemos fabricar todas las piezas específicamente nucleares de un reactor de uranio natural y agua pesada.
Como, además, y pese a los esfuerzos de Macri y Milei, todavía tenemos la planta de agua pesada más grande del mundo (junto con una de la India), si, podemos encarar un plan independiente de fabricación centrales nucleares y su combustible. Solo habría que importar las turbinas de vapor que no se fabrican en el país, pero para las que hay numerosos proveedores. Y reparar y poner en funcionamiento la planta de agua pesada.
Es cierto que, para adaptar el diseño de las centrales a las lecciones aprendidas luego del accidente de Fukushima, es necesario realizar algunos cambios de ingeniería.
Esos cambios se pueden hacer en Argentina, si bien esto podría traer conflictos con Canadá, el diseñador original.
Pero ciertos acontecimientos recientes nos alientan a encontrar soluciones alternativas y que podrían multiplicar el beneficio de encarar una política al respecto: Canadá ha encarado un plan para incorporar al menos 6.000 MW nucleares a su flota. Esto son 10 Embalses o 6 reactores de 1.000 MW en cuyo diseño están trabajando. Pero sucede que Canadá, en los últimos 30 años, en que no ha encarado este tipo de proyectos, ha perdido buena parte de su capacidad de ingeniería, toda su capacidad de producción de agua pesada y, posiblemente, buena parte de su capacidad industrial en piezas nucleares. Los canadienses han acudido a nosotros proponiéndonos asociarse.
Comprarnos agua pesada, ayudándonos a construir una nueva planta de ese insumo para duplicar la producción y comprarnos el “experetise “para replicarla en Canadá.
También nos quieren contratar para la ingeniería de las nuevas plantas. Quizá también nos comprarían partes nucleares.
Pero para eso debiéramos poder mantener las capacidades de NA-SA, cosa que Milei está empeñado en hacer desaparecer. Así como la planta de agua pesada de Arroyito.
Estamos, entonces, en una coyuntura crucial. El desguace de CNEA y de NA-SA , junto con el deterioro por abandono de la planta de Arroyito, implicaría un retroceso importante en esta capacidad soberana.
Esto debe defenderse como una herramienta fundamental para un futuro desarrollo nacional.

