Si bien se cumplió el primer medio siglo de relaciones entre Brasil y China, lo cierto es que estas cruzan casi las tres últimas centurias desde el arribo de medio millar de campesinos chinos en el XIX para cultivar té, pero es desde 1974 que las relaciones se hicieron oficiales con consulados y embajadas en ambos países, que esos vínculos se estrecharon.
Sobre todo en estas últimas dos décadas, la asociación estratégica de Beijing y Brasilia ha dado frutos mayores y beneficios concretos. Otro de los signos de alianza geopolítica es el nombramiento (reelecta en 2025) de la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, al frente del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS.
Según datos del Conselho Empresarial Brasil-China (CEBC) el comercio bilateral superó la marca de los 171.000 millones de dólares en 2025 (un aumento del 8,2% con respecto al año anterior) y China se afianza como el mayor socio comercial de Brasil durante 15 años consecutivos. Más de un tercio de las exportaciones brasileñas se dirigieron a China, que representó el 50% del superávit comercial de Brasil.
El gigante sudamericano es el primer país latinoamericano que supera los 100.000 millones de dólares en su comercio con China.
Con la creación de los BRICS, China rebasó a la Argentina como principal socio comercial de Brasil y éste a los Estados Unidos de América (EE.UU.) en el intercambio mercantil con los chinos.
Las inversiones chinas en suelo brasileño se están extendiendo a áreas como la manufactura avanzada y la nueva infraestructura, la cooperación bilateral en los sectores de petróleo y gas, energía eléctrica, agricultura, telecomunicaciones, ciencia y tecnología, incluso en el área espacial, y la lucha contra la pobreza, como objetivo gubernamental, ha contribuido efectivamente al desarrollo en cada uno de los dos países.
Incluso la validez máxima de las visas de visita para brasileños y chinos se amplió de 5 a 10 años.
El sociólogo y antropólogo Gilberto Freyre, uno de los grandes nombres de la sociología brasileña, dijo que Brasil es una “China tropical” por la conciliación entre los pueblos originarios y esclavos africanos con los valores orientales que trajeron los portugueses de sus acciones en Asia.
Quizás esta nueva era, que los encuentra con una mayor interrelación económica y de intereses complementarios, convierta a esta nación en algo más que un destino turístico de playas y coloridos carnavales.
El horizonte que se avizora con la integración económica, a la que se agrega la cultural en aumento, anuncia un futuro promisorio que puede alcanzar a toda la región con Brasil como puente de conveniencias, para el progreso de los latinoamericanos y una convivencia global en armonía.
* Diego M. Vidal, periodista especializado en política internacional y miembro del Comité Nacional BRICS (CoNaB).
