Los cambios impulsados por el segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos y el fortalecimiento de China como potencia económica y tecnológica están transformando el panorama internacional.
El panorama actual está marcado por la creciente rivalidad entre Washington y Pekín, que influye en gran medida en la transformación del orden mundial. Las políticas de la administración Trump II, basadas en altos aranceles y restricciones al acceso chino a tecnologías estratégicas, buscan no solo estimular la reindustrialización estadounidense, sino también contener el avance de su principal competidor. Simultáneamente, Estados Unidos ha reducido su participación en organizaciones multilaterales, cuestionando las instituciones creadas en la posguerra por considerarlas incompatibles con sus intereses.
Por el contrario, China ha ampliado su papel como defensora de las normas del sistema internacional y ha extendido su influencia global mediante inversiones en infraestructura. Este movimiento refuerza su presencia en diversas regiones del mundo, incluidas áreas tradicionalmente asociadas a la influencia de otras potencias, lo que contribuye al aumento de las tensiones geopolíticas. En este contexto, cobra mayor relevancia el debate sobre el surgimiento de una nueva configuración del orden internacional, marcada por la redistribución del poder y la reevaluación de las instituciones que han sustentado el sistema global desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Análisis y estudios de caso
El primer artículo analiza el cambio en la política comercial de Estados Unidos derivado de la investigación abierta contra Brasil en virtud del artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974. Los autores argumentan que, si bien las disputas comerciales anteriores generalmente se basaban en quejas de sectores específicos, la reciente ofensiva se fundamenta en alegaciones amplias e imprecisas.
Estas justificaciones van desde supuestos fallos en la implementación de políticas para combatir la corrupción y la deforestación hasta una acusación de competencia desleal contra el sistema de pagos estadounidense, atribuida a Pix. Para los investigadores, la iniciativa refleja objetivos geopolíticos relacionados con la rivalidad entre Washington y Pekín y el intento de influir en el posicionamiento estratégico de Brasil.
El segundo artículo investiga cómo se han posicionado los países latinoamericanos y caribeños en esta disputa. El estudio analiza los patrones de votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas y las acciones de dos foros regionales: la Cumbre de las Américas y el Foro China-CELAC. Los resultados indican que la mayor presencia china se asocia con la capacidad de Beijing para ocupar los espacios dejados por Estados Unidos, combinando inversiones y financiamiento de infraestructura con un enfoque más pragmático y cooperativo. Washington, por otro lado, ha priorizado temas como la seguridad y la gobernanza democrática, ofreciendo menos recursos financieros directos.
El tercer artículo aborda la estrategia estadounidense para el Indo-Pacífico como parte del esfuerzo por contener el ascenso de China. El texto analiza la evolución de esta política desde la administración Obama y destaca el fortalecimiento de las alianzas militares y de seguridad en la región. Sin embargo, los autores observan que esta estrategia tiene limitaciones: mientras Estados Unidos expande su presencia militar, China expande su influencia económica a través del comercio y la inversión, profundizando una interdependencia que dificulta el aislamiento económico.
El impacto de esta rivalidad en el comercio bilateral y las cadenas de valor globales es el tema del cuarto artículo. El estudio muestra que la búsqueda de la eficiencia económica está siendo reemplazada gradualmente por estrategias centradas en la seguridad y la autonomía tecnológica. El desacoplamiento entre las dos mayores economías del mundo se produce de forma selectiva, concentrándose en los sectores de alta tecnología, mientras que los segmentos tradicionales permanecen integrados. En este proceso, cobran relevancia la reubicación de las cadenas de producción a países aliados (friendshoring), la triangulación del comercio a través de terceros países y el mantenimiento de los lazos económicos entre la Unión Europea y China.
Finalmente, el quinto artículo analiza cómo el avance de la geoeconomía transforma el orden económico internacional. Según el autor, el creciente énfasis en la seguridad nacional y la autonomía estratégica debilita el multilateralismo tradicional y favorece la formación de bloques económicos diferenciados. El estudio presenta tres escenarios para esta transformación y señala un orden multipolar como el más probable, en el que las grandes potencias compiten entre sí, pero conservan espacios limitados para la cooperación.
La segunda parte de la serie se publicará en el número 44 de BEPI y se centrará en las repercusiones geoeconómicas de la expansión china y las reacciones de las potencias mundiales, como la Unión Europea, ante la redistribución del poder mundial.
El Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA, según su acrónimo en portugués) es una fundación pública federal vinculada al Núcleo de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República del Brasil.
Sus actividades de encuesta proporcionan soporte técnico e institucional en las acciones del gobierno para la formulación de políticas públicas y programas de desarrollo. Los trabajos del Ipea son proporcionados a la sociedad por medio de publicaciones, seminarios y un programa semanal de radio y TV.
Acceda al texto completo del Boletín de Economía y Política Internacional n.º 43
