Redacción · Agosto 2026 · Opinión

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Córdoba y los BRICS desde una perspectiva nacional

Hay discusiones que parecen lejanas hasta que se las observa desde el territorio. Los BRICS suelen presentarse como una cuestión reservada a presidentes, cancilleres, diplomáticos y especialistas en relaciones internacionales. China, India, Brasil, el Nuevo Banco de Desarrollo, la multipolaridad o el “Sur Global” parecen categorías alejadas de los problemas cotidianos de nuestras provincias.
Gustavo Matías Terzagaescribe: Gustavo Matías Terzaga

Sin embargo, detrás de esa discusión existe una interrogante bastante concreta; cómo quiere insertarse la Argentina en el mundo, con quiénes quiere relacionarse y, fundamentalmente, para qué.

Vista desde Córdoba, la cuestión pierde rápidamente su apariencia abstracta. Hablar de inserción internacional significa hablar de aquello que producimos, de los mercados donde colocamos nuestra producción, de nuestras fábricas, de las máquinas que construimos, de los alimentos que elaboramos, de las universidades donde formamos científicos y profesionales, de la tecnología que desarrollamos, de las rutas y ferrocarriles que necesitamos y del financiamiento requerido para transformar capacidades productivas existentes en desarrollo. Por eso, aunque formalmente las relaciones internacionales sean competencia del Estado nacional, la política exterior también ocurre en Córdoba y en cada provincia.

Una política internacional soberana necesita inevitablemente de un proyecto productivo nacional y, a la inversa, ningún proyecto productivo nacional puede sostenerse durante mucho tiempo sin una estrategia internacional que le proporcione mercados, escala, financiamiento, incentivos, tecnología, complementariedades y capacidad de negociación. La Argentina posee, además, una tradición política propia desde la cual pensar ese problema. El tercerismo formulado por el peronismo en el escenario bipolar de la posguerra partía de una premisa que conserva vigencia más allá de aquel contexto histórico; la política exterior argentina no debía quedar subordinada a ninguno de los grandes bloques de poder, sino organizarse desde el interés nacional, procurando ampliar sus márgenes de autonomía y decisión. En ese sentido, la multipolaridad ofrece un escenario particularmente fértil para actualizar —sin reproducir mecánicamente— aquella tradición de autonomía nacional.

El mundo hoy

El escenario internacional ya no es aquel que se consolidó tras la disolución de la Unión Soviética, cuando Estados Unidos emergió como la única superpotencia con capacidad de proyectar simultáneamente poder militar, financiero, cultural, tecnológico y político a escala global. Esa primacía no ha desaparecido; Estados Unidos conserva la principal capacidad militar mundial, el dólar continúa ocupando el centro del sistema monetario internacional y Washington mantiene una gravitación decisiva sobre la arquitectura financiera construida alrededor del FMI y el Banco Mundial, instrumentos que le permiten conservar una considerable capacidad de influencia y condicionamiento sobre los países periféricos, particularmente sobre economías endeudadas y necesitadas de financiamiento externo como la Argentina.

Lo que ha cambiado es algo diferente. Estados Unidos atraviesa un retroceso relativo en la distribución del poder mundial y aquella supremacía prácticamente incontestada de la posguerra fría encuentra hoy límites, competidores y espacios de autonomía que hace tres décadas eran considerablemente menores. Ese desplazamiento es, precisamente, una de las condiciones históricas que explican la emergencia del mundo multipolar. Incluso el recurso creciente de Estados Unidos a la coerción, las sanciones económicas, las presiones diplomáticas y, en determinados escenarios, al empleo directo de la fuerza militar puede leerse no sólo como demostración de poder, sino también como expresión de las dificultades crecientes para preservar mediante el consenso una primacía que encuentra cada vez mayores resistencias.

La propia naturaleza del conflicto bélico internacional también ha cambiado. El poder ya no se disputa solamente mediante la ocupación territorial o la destrucción de fuerzas militares; cada vez adquiere mayor importancia la capacidad de afectar la estructura económica del adversario, restringir su acceso a energía, tecnología y mercados, interrumpir cadenas logísticas, bloquear rutas comerciales o neutralizar capacidades industriales y financieras. Puertos, oleoductos, redes energéticas, industrias estratégicas y corredores comerciales se convierten así en instrumentos y objetivos de poder. En una economía mundial profundamente interdependiente, controlar o paralizar esos nodos puede producir efectos que se propagan mucho más allá del territorio directamente involucrado. La geopolítica contemporánea confirma, de este modo, una cuestión central para nuestro análisis; producción, infraestructura, vínculos, comercio, tecnología y finanzas ya no pueden pensarse separadamente de la soberanía y del poder nacional.

Córdoba

Esto resulta particularmente revelador cuando dejamos las grandes formulaciones geopolíticas y observamos qué ocurre concretamente en Córdoba. Según los datos de comercio exterior elaborados por la Agencia ProCórdoba sobre información del INDEC, en 2025 la provincia exportó cerca de USD 10.910 millones, equivalentes al 12,5 % de las exportaciones argentinas, alcanzó 136 mercados y se ubicó como la tercera jurisdicción exportadora del país. China fue entonces su principal destino, con aproximadamente USD 1.596 millones, seguida por Brasil, con USD 1.486 millones. Pero el mapa adquirió una significación todavía mayor durante los primeros cinco meses de 2026; Brasil pasó a ocupar el primer lugar, India el segundo y China el tercero. Es decir, los tres principales destinos de las exportaciones cordobesas fueron países miembros de los BRICS. El dato permite bajar la discusión del terreno de las aparentes abstracciones geopolíticas a la realidad productiva provincial; para Córdoba, el mundo BRICS no representa un conjunto de mercados hipotéticos por descubrir, sino economías con las que ya mantiene algunos de sus vínculos comerciales más importantes. (1)

Este dato exige una lectura política que trascienda su dimensión comercial. Córdoba ya está inserta, por la fuerza de su estructura productiva, en el mundo multipolar del que la Argentina decidió políticamente mantenerse al margen desde comienzos de 2024. Brasil, India y China no son mercados eventuales que una futura incorporación a los BRICS podría abrir; son hoy los principales destinos de la producción cordobesa. La contradicción es evidente; mientras la economía real profundiza vínculos con algunos de los protagonistas centrales del nuevo orden mundial, la política nacional renuncia voluntariamente a participar de uno de los ámbitos donde estos países coordinan intereses, construyen cooperación y discuten las reglas de ese mundo emergente. Por eso, la verdadera cuestión no es si Córdoba debe comerciar con los BRICS —ya lo hace—, sino si esos vínculos continuarán siendo relaciones comerciales dispersas, gobernadas únicamente por las necesidades del mercado, o si la Argentina será capaz de convertirlos en instrumentos de una estrategia nacional de desarrollo, industrialización, integración regional y soberanía.

Pero los tres casos tampoco son iguales, y allí aparece probablemente una de las precisiones más reveladoras para comprender lo que está en juego. Brasil presenta un perfil marcadamente industrial dentro de las exportaciones cordobesas. En 2025, el 64 % de las ventas provinciales hacia ese país correspondió a manufacturas de origen industrial, principalmente vehículos, autopartes y motores. La tendencia se mantuvo durante los primeros cinco meses de 2026; los vehículos representaron el 37 % de las exportaciones cordobesas hacia Brasil y las partes y piezas para vehículos otro 16 %. India y China muestran, en cambio, una relación predominantemente agroindustrial; India concentró sus compras en aceites de soja y girasol, mientras que China lo hizo principalmente en soja, maní y aceite de maní. Como vemos, Córdoba se relaciona con el universo BRICS a través de las dos grandes dimensiones de su estructura productiva; con Brasil aparece principalmente la Córdoba industrial; con India y China, su enorme potencia agroindustrial. La cuestión estratégica será cómo hacer para que esa segunda relación también incorpore progresivamente industria, tecnología y mayor valor agregado.

La apertura sin estrategia productiva

Aquí aparece una contradicción central de la política argentina contemporánea. Mientras el mundo multipolar amplía mercados, socios y alternativas de financiamiento, puertas adentro se adoptan políticas que tensionan muchas de las capacidades productivas necesarias para aprovechar esas oportunidades. Córdoba constituye un caso particularmente elocuente. La política económica iniciada en diciembre de 2023 por el Ejecutivo Nacional combinó un severo ajuste fiscal, una fuerte contracción inicial del consumo y la actividad interna, la paralización o suspensión de numerosas obras públicas —seguida en algunos casos por su renegociación con las provincias— y un proceso sostenido de apertura comercial que redujo barreras y controles a las importaciones, aumentando la exposición de la producción nacional a la competencia externa.

Para una provincia como Córdoba, cuya potencia no reside solamente en producir materias primas sino precisamente en el entramado industrial, tecnológico y científico construido alrededor de ellas, el problema resulta estratégico. Durante 2025, por ejemplo, la cantidad de maquinaria agrícola importada comercializada en el país aumentó un 82 %, mientras la fabricación de maquinaria agrícola constituye una actividad que emplea a miles de trabajadores cordobeses y articula una extensa red metalmecánica en el interior provincial. (2)

Al mismo tiempo, el desfinanciamiento universitario y los recortes en el sistema científico afectan una estructura particularmente sensible para Córdoba; 36 de las 42 Unidades Ejecutoras del CONICET provincial son de doble dependencia con universidades nacionales —23 con la UNC, 8 con la UNRC, 3 con la UNVM y 2 con la UTN—, una trama institucional que vincula directamente conocimiento, tecnología y desarrollo productivo. (3)

La infraestructura ofrece otra expresión del mismo problema. Obras estratégicas para los corredores productivos cordobeses quedaron alcanzadas por el freno inicial de la obra pública nacional y debieron ser objeto de un acuerdo específico entre la Provincia y la Nación en junio de 2024 para asegurar su reactivación. La RN 19 entre San Francisco y Córdoba fue transferida a la Provincia para completar los 65 kilómetros pendientes; la autovía Holmberg-Río Cuarto se encontraba paralizada con un 75 % de avance; y la circunvalación de Villa María quedó comprendida en el compromiso de continuidad acordado entre ambas administraciones. Desde Río Cuarto conocemos bien que la infraestructura no es una abstracción. La autovía RN 8 Río Cuarto–Holmberg y su articulación con la A005 forman parte de un nudo donde convergen algunos de los principales corredores productivos del sur cordobés. Alcanzada inicialmente por la paralización de la obra pública nacional, su continuidad debió incorporarse al acuerdo entre Córdoba y la Nación de 2024, antes de la posterior reanudación de los trabajos. No hablamos solamente de asfalto; hablamos de integrar una de las regiones agroindustriales más importantes del país con Córdoba, Cuyo, el Litoral, los puertos y, finalmente, con el mundo. (4)

Lo cierto es que el impacto del actual ciclo económico y de la orientación de la política económica del Gobierno nacional sobre Córdoba no es abstracto, aunque sus consecuencias sobre la trama productiva y social aparezcan muchas veces disimuladas detrás de la estabilización de algunos indicadores macroeconómicos. La Unión Industrial de Córdoba registró que, tras la contracción de 2024, el comienzo de 2025 encontró a una amplia mayoría de las industrias provinciales con caídas en la producción y la demanda interna. La dimensión social de ese deterioro resulta particularmente sensible en una provincia donde la industria sostiene más de 111.000 empleos privados registrados. Cuando se debilita la industria cordobesa no retrocede solamente una estadística productiva; se resienten empleo, proveedores, pymes y capacidades acumuladas en el territorio. (5)

La contradicción no consiste, entonces, en discutir ajuste contra gasto o apertura contra proteccionismo. Todo eso es falso para nosotros. La Argentina necesita preguntarse qué capacidades nacionales pretende preservar para competir en el mundo. No alcanza con abrir mercados si simultáneamente se debilitan las empresas, la infraestructura, el conocimiento y las capacidades tecnológicas necesarias para ocupar en ellos un lugar distinto al de proveedores de materias primas. Córdoba puede vender más al mundo y, al mismo tiempo, perder densidad productiva; puede aumentar sus exportaciones mientras retroceden eslabones industriales; puede encontrar nuevos compradores de granos mientras importa crecientemente las máquinas con las que los produce. El problema de una política nacional de desarrollo no es solamente cuánto exportamos, sino qué queda en la Argentina después de exportar; industria, empleo, tecnología, proveedores, conocimiento y capacidad soberana.

Desarrollo y escala internacional

Para la Argentina, el ingreso al mundo multipolar no empieza necesariamente en China o India, sino en Sudamérica. La asociación estratégica con Brasil proporciona una escala industrial, económica y territorial que ninguno de los dos países posee por separado y permite proyectar relaciones con las grandes potencias en condiciones menos asimétricas. Para Córdoba esto es particularmente concreto; la integración sudamericana no constituye solamente una aspiración histórica, sino una cuestión de industria, producción y escala.

India y China plantean un desafío diferente. Son mercados gigantescos para aquello que Córdoba produce, pero precisamente allí aparece el límite de una lectura puramente comercial; diversificar compradores no significa necesariamente transformar nuestra inserción internacional. Si el mundo multipolar sólo nos permite encontrar nuevos destinos para materias primas y productos agroindustriales con escaso valor agregado, habremos ampliado mercados sin modificar sustancialmente nuestra posición dentro de la economía mundial.

El desafío consiste, entonces, en utilizar esas relaciones para subir escalones en las cadenas de valor. India no es solamente un mercado de más de mil cuatrocientos millones de habitantes; posee capacidades relevantes en informática, industria farmacéutica, maquinaria y tecnología. China no es simplemente un comprador de soja, sino una de las mayores potencias industriales y tecnológicas del planeta. Y Brasil puede ser mucho más que un destino para nuestros automóviles y autopartes; puede constituir junto con la Argentina la base de cadenas industriales sudamericanas con escala internacional. La pregunta estratégica no debería limitarse a cuánto podemos venderles, sino avanzar hacia qué podemos producir conjuntamente, qué tecnologías podemos desarrollar o incorporar y qué capacidades nacionales pueden fortalecerse mediante esas relaciones.

Córdoba tiene condiciones particularmente favorables para plantear esta discusión porque su propia estructura productiva permite superar una de las falsas dicotomías que durante demasiado tiempo empobrecieron el debate argentino; campo o industria. La provincia ocupa posiciones centrales en la producción nacional de maíz, soja, trigo, leche y maní y posee una poderosa plataforma agroindustrial; pero sobre esa misma base se desarrolló también un entramado que transforma alimentos, fabrica maquinaria agrícola, automóviles, autopartes e implementos y genera biotecnología, software y servicios profesionales, sostenido además por una extensa tradición universitaria y científica. No se trata de dos economías enfrentadas, sino de capacidades que pueden potenciarse mutuamente. Una cosechadora, una semilla desarrollada mediante biotecnología, un sistema de agricultura de precisión o un alimento elaborado contienen simultáneamente producción primaria, industria, tecnología y conocimiento. La cuestión estratégica no consiste entonces en elegir entre campo e industria, sino en determinar cuánto trabajo, tecnología y valor argentino somos capaces de construir alrededor de aquello que nuestro territorio y nuestra gente produce extraordinariamente bien.

Por eso, frente a los BRICS, la cuestión decisiva no es cuánto más puede exportar Córdoba de aquello que ya produce, sino qué desarrollo puede construir a partir de esa capacidad productiva. Una tonelada exportada genera divisas; una cadena productiva desarrollada alrededor de ella genera además empresas, proveedores, tecnología, empleo calificado y conocimiento. A primera vista, la diferencia puede parecer técnica; grados de procesamiento, valor agregado, productividad, financiamiento o infraestructura. Pero detrás de cada una de esas variables existe una decisión esencialmente política; qué producir, cómo hacerlo, quién financia el desarrollo, qué capacidades preservar, con qué países asociarnos y qué lugar pretendemos ocupar en la división internacional del trabajo. En definitiva, la cuestión parece económica; pero la elección entre limitarse a exportar riqueza o utilizarla para construir poder nacional es, decididamente, política.

Un lugar en el mundo

Córdoba es mediterránea, condición generalmente observada como una desventaja por su distancia respecto de los puertos. Pero esa misma geografía que la aleja del mar colocó históricamente a Córdoba en una posición singular dentro del espacio argentino. Su mediterraneidad nunca significó aislamiento; por el contrario, hizo de ella un territorio de articulación entre regiones, economías y circuitos diferentes.

El historiador riocuartense Alfredo Terzaga comprendió esa condición como una de las claves de la historia cordobesa y, desde ella, de la propia formación nacional. La geografía había trazado desde temprano grandes arterias sobre el territorio. La ciudad de Córdoba articulaba el camino hacia el antiguo espacio altoperuano, mientras Río Cuarto —primero como villa y luego como núcleo urbano de la frontera sur— ocupaba una posición singular sobre la vía que comunicaba Buenos Aires con Cuyo y Chile, al tiempo que cumplía una función estratégica en la frontera interior. Pero por aquellos caminos no circulaban solamente mercancías; circulaban población, intereses económicos, influencias políticas y distintas concepciones acerca de cómo organizar el país, mientras la vida cotidiana de la frontera convivía todavía con la amenaza del malón, los fortines, las partidas militares y la negociación permanente con el mundo ranquel. Sobre ese territorio en movimiento no sólo se disputaba la tierra; comenzaba también a definirse la Nación. (6)

Terzaga veía allí una verdadera geografía política, donde territorio, economía e historia se explican mutuamente. De allí que pensar Córdoba nunca significara encerrarse en Córdoba, sino observar desde el Interior el problema mayor de la organización nacional y de una unidad territorial y continental que desbordaba necesariamente los límites provinciales.

Recuperar hoy aquella perspectiva supone rescatar su método y su sentido político; comprender que la posición de Córdoba sólo adquiere verdadera dimensión cuando se la piensa como parte de una estrategia nacional y continental.

En el proceso de organización y consolidación territorial de la Nación, Córdoba —y particularmente Río Cuarto— ocupó una posición estratégica que merece ser recuperada. Fue en este espacio de frontera donde se forjó una parte decisiva de la trayectoria de Julio Argentino Roca, quien asumió la Comandancia de la Frontera Sur en un momento en que Río Cuarto comenzaba a transformarse con la llegada del ferrocarril y el telégrafo, la expansión de la producción y una presencia cada vez más efectiva del Estado. No se trataba de una historia local desarrollándose al margen del país; en aquella frontera se estaba resolviendo una parte sustancial del problema nacional, la extensión efectiva de la autoridad del Estado sobre un territorio que la Argentina todavía debía integrar y organizar.

Y un hombre que había ejercido aquí su comandancia terminó conduciendo uno de los ciclos decisivos de consolidación del Estado argentino. La afirmación de la autoridad nacional, la incorporación efectiva de la Patagonia y la organización de los territorios nacionales modificaron para siempre la escala territorial y política del país, afirmando una proyección hacia el Sur que hoy debemos comprender en toda su dimensión: la Patagonia y el Atlántico Sur, Malvinas y las demás islas australes, los pasos bioceánicos y la Antártida Argentina como partes de una misma concepción estratégica de una Nación bicontinental. Vista desde Río Cuarto, aquella transformación adquiere una significación particular; la ciudad que había sido frontera comenzaba a convertirse en articulación del territorio nacional, mientras la Argentina afrontaba una tarea elemental de todo proyecto soberano; hacer que la Nación existiera efectivamente sobre su geografía, comunicando, poblando, produciendo e integrando el territorio sobre el cual afirmaba su soberanía.

Infraestructura, financiamiento y soberanía

La centralidad de Córdoba debe entenderse dentro de la porción sudamericana del territorio nacional. Allí, su mediterraneidad puede convertirse en una ventaja estratégica; la provincia articula los corredores que vinculan el Gran Rosario y el Río Paraná, Buenos Aires y sus puertos, Cuyo y la proyección hacia el Pacífico, el Norte Grande, la Patagonia y, mediante Brasil, el espacio sudamericano. Pero esa articulación necesita infraestructura, y la infraestructura nunca es políticamente neutral. Un ferrocarril, una ruta, una red energética o un corredor bioceánico pueden servir simplemente para acelerar la extracción y salida de recursos o, por el contrario, para integrar regiones, desarrollar industrias, agregar valor y fortalecer el mercado interno. La obra material puede ser la misma; lo que cambia es el proyecto nacional que la ordena.

En este punto adquiere especial relevancia el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. No se trata simplemente de otra fuente posible de endeudamiento; el Banco fue creado específicamente para movilizar recursos hacia proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible y su estrategia concentra el financiamiento en áreas como transporte, energía, agua y saneamiento, infraestructura social y digital. Sus operaciones pueden ser soberanas o no soberanas y adoptar diferentes instrumentos financieros, pero están vinculadas a proyectos compatibles con ese mandato de desarrollo. La propia cartera del NDB muestra esa orientación; ferrocarriles, metros, corredores viales y logísticos, sistemas eléctricos, agua, saneamiento e infraestructura social forman parte de los proyectos efectivamente financiados. (7)

Esto exige también evitar cualquier simplificación propagandística. Una eventual incorporación argentina al BRICS y al NDB no garantizaría por sí misma el financiamiento de una ruta, un ferrocarril o una obra energética cordobesa. Lo que sí ampliará es el universo de alternativas financieras disponibles para proyectos concretos de desarrollo, complementando la arquitectura multilateral tradicional. Y existe una diferencia política relevante; la estrategia vigente del NDB establece que sus productos deben responder a las necesidades de sus países miembros sin condicionalidades de política económica, al tiempo que procura ampliar el financiamiento en monedas locales. Para una provincia mediterránea como Córdoba, cuya capacidad exportadora depende de rutas, ferrocarriles, energía, logística y conexiones con los grandes corredores sudamericanos, disponer de otra arquitectura posible de financiamiento puede convertirse en una herramienta de integración territorial y desarrollo productivo.

Para la Argentina, además, esta discusión tiene una dimensión histórica imposible de soslayar. La deuda externa y la dependencia recurrente del financiamiento internacional han reducido en distintos períodos los márgenes de autonomía económica del país y otorgado a acreedores y organismos externos capacidad de incidencia sobre decisiones internas. Diversificar las fuentes de crédito no elimina esa dependencia —ni convierte automáticamente a los nuevos prestamistas en socios desinteresados—, pero reduce la vulnerabilidad que supone negociar desde la necesidad frente a un número reducido de centros financieros.

La cuestión se vuelve todavía más sensible cuando los intereses externos sobre un país endeudado exceden el cobro mismo de sus acreencias y alcanzan sus recursos estratégicos, empresas públicas, infraestructura y decisiones económicas fundamentales. Allí aparece el verdadero problema político de la deuda; no solamente cuánto se debe, sino qué capacidad de condicionamiento genera esa deuda sobre aquello que una Nación posee y sobre las decisiones que debería poder adoptar por sí misma. Por eso, financiar infraestructura, decidir quién la financia y establecer al servicio de qué proyecto se construye pueden presentarse como cuestiones técnicas; en realidad, forman parte de una discusión esencialmente política; quién conduce el desarrollo argentino, con qué instrumentos y en función de qué intereses.

Federalismo

Todo esto obliga, finalmente, a revisar nuestra propia concepción del federalismo, entendido aquí en los términos y categorías de la política argentina contemporánea, y no en el sentido histórico más profundo que tuvo el federalismo en las luchas por la organización nacional, la soberanía de las provincias y la construcción misma de la Nación. Hecha esta distinción, el problema actual consiste en advertir hasta qué punto la cuestión federal ha quedado reducida, demasiadas veces, a una discusión fiscal entre las provincias y el poder central. Durante décadas una parte importante del debate quedó encerrada en una contabilidad legítima pero insuficiente; cuánto aporta Córdoba, cuánto recauda la Nación y cuánto vuelve. Esa discusión debe darse, pero un federalismo reducido exclusivamente a transferencias fiscales resulta demasiado pequeño para una provincia que origina aproximadamente uno de cada ocho dólares exportados por el país.

El gobierno de Javier Milei (2023 - 2027) llevó, además, esa degradación del vínculo federal a una expresión particularmente áspera. La fuerte reducción de transferencias nacionales, la paralización inicial de obras financiadas por la Nación y la confrontación fiscal con los gobernadores estrecharon los márgenes presupuestarios provinciales; sobre ese escenario, recursos, obras, asistencia y concesiones reclamadas por las provincias pasaron reiteradamente a formar parte de negociaciones políticas con la Casa Rosada. Se cambia voluntad política por caja chica, la provincia puede resolver una urgencia y el Gobierno conseguir unos votos más, pero quien pierde es la Nación. El problema excede, por lo tanto, cualquier discusión administrativa sobre coparticipación. Cuando la necesidad financiera de las provincias se convierte en instrumento de disciplinamiento político, el federalismo degenera en una relación desigual entre un poder central que administra recursos y gobernadores obligados a negociar oxígeno fiscal.

No hace falta imaginar un federalismo idílico para advertir el efecto político de esta dinámica; en lugar de articular capacidades territoriales alrededor de un destino común, estimula la negociación fragmentaria, enfrenta necesidades provinciales entre sí y convierte recursos que pertenecen al funcionamiento federal de la Nación en piezas de una transacción política permanente.

Por eso Córdoba no debe limitarse a reclamar su participación dentro de la Argentina. Córdoba debe participar en la definición de la Argentina.

Ese desplazamiento conceptual transforma un federalismo defensivo y cerrado en un federalismo algo más nacional. Ya no se trata solamente de defender intereses provinciales frente al centralismo porteño, sino de preguntarnos qué puede aportar Córdoba a una estrategia nacional de desarrollo, soberanía e integración continental. Y entonces también cambia la pregunta sobre los BRICS. Ya no alcanza con preguntarnos qué pueden ofrecerle los BRICS a Córdoba. Hay que preguntarse qué puede aportar Córdoba a una estrategia argentina hacia los BRICS y hacia el nuevo orden multipolar.

La Argentina debe poder relacionarse con Estados Unidos, China, Brasil, India, Europa, África y el mundo árabe simultáneamente, buscando en cada relación aquello que contribuya a su desarrollo. La cuestión no consiste en elegir una potencia protectora, sino precisamente en dejar de necesitarla. Y ése es quizás el sentido más profundo que los BRICS podrían tener para nosotros. No constituyen una solución a nuestros problemas ni sustituyen el proyecto nacional que hace décadas no logramos construir. Pero la emergencia de plataformas alternativas de poder abre posibilidades que una nación inteligente no debería clausurar por prejuicios ideológicos.

Desde Córdoba podemos comprenderlo con particular claridad porque una parte del nuevo mundo ya está aquí. Brasil, China e India no son abstracciones geopolíticas; están entre los principales compradores de aquello que producimos. Córdoba exportó en 2025 a 136 países y desplegó actividades de promoción comercial en 32 naciones; sus empresas ya están buscando mercados mucho más allá de los circuitos tradicionales. La economía real, en cierto sentido, comenzó a comprender antes que buena parte de nuestra dirigencia que el mundo dejó de tener un solo centro.

Lo que falta es transformar esa realidad comercial dispersa en pensamiento político estratégico.

Córdoba posee la producción, la industria, las universidades, los empresarios, los trabajadores y buena parte del conocimiento necesarios para contribuir a ese proyecto. Pero Córdoba sola no tiene escala suficiente para disputar un lugar relevante en el mundo. Necesita a la Argentina. Y la Argentina, a su vez, difícilmente alcance esa escala encerrándose sobre sí misma o alineándose de manera subordinada con los mandatos estratégicos de Estados Unidos, reduciendo su política exterior a las preferencias de una potencia extranjera en retroceso. Necesita reconstruir su asociación estratégica con Brasil, recuperar una perspectiva sudamericana y relacionarse con los distintos centros de poder desde sus propios intereses. La alternativa no es aislamiento o alineamiento; es integración regional, diversificación internacional y autonomía nacional.

Allí puede ordenarse una secuencia política diferente. Córdoba pone sus capacidades al servicio de un proyecto nacional; la Nación articula sus territorios productivos y recupera una estrategia de desarrollo; Argentina y Brasil reconstruyen escala sudamericana; y desde esa escala Sudamérica puede relacionarse con Estados Unidos, China, India, Europa, sin resignarse a ocupar el lugar que otros le asignen. No se trata, entonces, de mirar hacia Oriente en lugar de mirar hacia Occidente. Se trata de volver a mirar el mundo desde nosotros mismos. De Córdoba a la Nación; de la Nación a la Patria Grande. Y desde allí, sin tutelas ni alineamientos automáticos, al mundo; con soberanía para decidir, desarrollo para construir, y un propósito que finalmente les da sentido a ambos: la grandeza de la Patria y la felicidad de nuestro pueblo.

* Gustavo Matías Terzaga es abogado. Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico Arturo Jauretce de la Ciudad de Río Cuarto, Córdoba.

Fuentes de los datos y referencias documentales

(1) Agencia ProCórdoba, informes de comercio exterior 2025 y enero-mayo de 2026, elaborados sobre datos del INDEC. 2025 · 2026

(2) Bolsa de Cereales de Córdoba, Informe Económico N.º 471, “En 2025 creció la venta de maquinaria agrícola en unidades, pero cayó la facturación”. Informe

(3) CONICET Córdoba, comunicado institucional del 10/10/2024: 36 de sus 42 Unidades Ejecutoras son de doble dependencia con universidades nacionales. Fuente

(4) Gobierno de Córdoba y Legislatura provincial, acuerdo Nación–Provincia de 2024 sobre RN 19, autovía Río Cuarto–Holmberg y Circunvalación de Villa María. Fuente

(5) Unión Industrial de Córdoba, Primer Relevamiento Industrial 2025 y datos sectoriales sobre empleo industrial privado registrado. Relevamiento

(6) Alfredo Terzaga, “Córdoba y Río Cuarto”, en Claves de la historia de Córdoba, UniRío Editora: bifurcación de tránsito, comercio, intereses e influencias y referencia a la “geografía política”. Edición

(7) New Development Bank, General Strategy 2022–2026: mandato de infraestructura y desarrollo sostenible, áreas prioritarias, operaciones no soberanas y financiamiento en monedas locales. NDB