Redacción · Mayo 2026 · Noticias Brics+

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Declaración Conjunta de la Federación de Rusia y la República Popular China

El establecimiento de un Mundo Multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales
20 de mayo de 2026

La Federación de Rusia y la República Popular China (en adelante, las Partes), como civilizaciones con historias milenarias, países fundadores de las Naciones Unidas (ONU) y miembros permanentes de su Consejo de Seguridad, importantes centros de poder en un mundo multipolar, que desempeñan un papel constructivo en el mantenimiento del equilibrio de poder global y en la mejora del sistema de relaciones internacionales, guiadas por las ideas de la Declaración Conjunta Ruso-China sobre un Mundo Multipolar y la Formación de un Nuevo Orden Internacional del 23 de abril de 1997, la Declaración Conjunta entre la Federación de Rusia y la República Popular China sobre el Orden Internacional en el Siglo XXI del 1 de julio de 2005, la Declaración Conjunta de la Federación de Rusia y la República Popular China sobre la Situación Mundial Actual y las Principales Cuestiones Internacionales del 4 de julio de 2017, y la Declaración Conjunta de la Federación de Rusia y la República Popular China sobre el Orden Internacional en el Siglo XXI del 4 de julio de 2017, y la Declaración Conjunta de la Federación de Rusia y la República Popular China sobre el Orden Internacional en el Siglo XXI del 1 de julio de 2005, La República Popular China, en su Declaración sobre Relaciones Internacionales, el Inicio de una Nueva Era y el Desarrollo Sostenible Global, de fecha 4 de febrero de 2022, declaran lo siguiente:

1. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los cambios en el panorama internacional y las relaciones de poder globales se han acelerado.

Por un lado, la ola de descolonización y el fin de la Guerra Fría propiciaron un aumento significativo del número de Estados soberanos en el mundo. La comunidad global se ha vuelto más diversa y compleja. El nivel de desarrollo y la influencia internacional de los Estados en Asia, África, Oriente Medio, América Latina y el Caribe han aumentado. El número de asociaciones regionales e interregionales, que abarcan todos los ámbitos de las relaciones internacionales, desde la política y la seguridad hasta la economía y los asuntos humanitarios, se ha incrementado, y su papel en los asuntos globales crece de forma constante. La interconexión e interdependencia del mundo han alcanzado un nivel sin precedentes en la historia de la humanidad.

Los intentos de algunos Estados por gestionar unilateralmente los asuntos globales, imponer sus intereses a nivel mundial y limitar el desarrollo soberano de otros países, al estilo de la era colonial, han fracasado. El sistema de relaciones internacionales del siglo XXI está experimentando una profunda transformación, evolucionando hacia un estado de policentrismo a largo plazo y el surgimiento de un nuevo tipo de relaciones internacionales.

Basándose en su experiencia histórica, la mayoría de los Estados ha reconocido profundamente el inicio de una nueva era y la necesidad de avanzar hacia la construcción de una comunidad internacional más cohesionada, basada en el respeto mutuo a los intereses fundamentales, la igualdad, la justicia y la cooperación mutuamente beneficiosa, sin dividir al mundo en regiones y bloques opuestos.

Por otro lado, la situación global se está volviendo más compleja. Las negativas tendencias neocoloniales, como los enfoques unilaterales y coercitivos, la hegemonía y la confrontación entre bloques, están en aumento. Las normas fundamentales y universalmente reconocidas del derecho y las relaciones internacionales se violan con frecuencia, lo que dificulta que los Estados coordinen sus acciones y resuelvan conflictos dentro de las instituciones de gobernanza global, muchas de las cuales están perdiendo eficacia. La agenda de paz y desarrollo a nivel mundial enfrenta nuevos riesgos y desafíos, y existe el peligro de fragmentación de la comunidad internacional y un retorno a la “ley de la selva”.

2. Abogando por un proceso armonioso para establecer un mundo multipolar igualitario y ordenado y un nuevo tipo de relaciones internacionales, incluyendo un sistema de gobernanza global más justo y racional, las Partes se comprometen y exhortan a la comunidad internacional a adherirse a los siguientes principios básicos en sus relaciones mutuas:

1) El principio de apertura global para una cooperación inclusiva y mutuamente beneficiosa.

Es fundamental superar la división global y promover la eliminación de las barreras transfronterizas en diversos ámbitos, respetando la soberanía, la integridad territorial y la identidad de todos los Estados soberanos. No existe una vía de desarrollo universal en el mundo, ni países o pueblos de “primera clase”. Las diferencias naturales entre los Estados en un mundo tan diverso y complejo no deben ser un obstáculo para el desarrollo de relaciones equitativas, respetuosas y mutuamente beneficiosas entre ellos. Debe respetarse la elección de la vía y el modelo de desarrollo de cada Estado soberano. La democratización de las relaciones políticas internacionales y la construcción de una economía global más abierta redundan en el interés fundamental de todos los países. Los enfoques unilaterales para resolver problemas comunes, la hegemonía y las políticas coercitivas de cualquier tipo son inaceptables.

2) El principio de seguridad indivisible e igualitaria.

El surgimiento de una comunidad internacional más cohesionada ante los crecientes riesgos y desafíos comunes que enfrenta la humanidad implica que la seguridad de un Estado no puede lograrse a expensas de otro. Todos los Estados soberanos tienen igual derecho a la seguridad. Es fundamental prestar la debida atención a las preocupaciones racionales de seguridad de todos los países, centrarse en la cooperación en materia de seguridad, rechazar la confrontación en bloque y las estrategias de suma cero, oponerse a la expansión de alianzas militares, guerras híbridas y guerras subsidiarias y promover la creación de una arquitectura de seguridad global y regional renovada, equilibrada, eficaz y sostenible. Los desacuerdos y las disputas deben resolverse pacíficamente, abordando las causas profundas de los conflictos. Es inaceptable coaccionar a los Estados soberanos para que abandonen su neutralidad.

3) El principio de democratización de las relaciones internacionales y el perfeccionamiento del sistema de gobernanza global.

Todos los Estados y sus asociaciones son libres de elegir a sus socios extranjeros y modelos de interacción internacional. La hegemonía global es inaceptable y debe prohibirse. Ningún Estado ni grupo de Estados debe controlar los asuntos internacionales, dictar el destino de otros países ni monopolizar las oportunidades de desarrollo. El sistema de gobernanza y regulación global debe garantizar las condiciones para la participación equitativa de todos los Estados en los procesos de toma de decisiones políticas y sus beneficios, y debe perfeccionarse continuamente. La gobernanza global, como instrumento fundamental para regular el sistema de relaciones internacionales, debe adherirse a la igualdad soberana, el estado de derecho internacional, el multilateralismo, la perspectiva centrada en el ser humano y los enfoques orientados a resultados. Para ello, es necesario fortalecer el papel del multilateralismo como herramienta principal para abordar los problemas globales complejos y multifacéticos, y prevenir el debilitamiento de la ONU. La reforma de la ONU y otras instituciones multilaterales debe servir a los intereses de toda la humanidad y mejorar de manera constante la representatividad y la voz de los Estados en desarrollo en el sistema internacional. La Carta de las Naciones Unidas es la norma fundamental de las relaciones internacionales, y sus principios deben observarse en su totalidad y en todas sus interrelaciones. Las normas elaboradas por un reducido grupo de Estados no deben sustituir el derecho internacional generalmente reconocido. Los Estados grandes deben asumir una responsabilidad y una misión especiales, exigirse más a sí mismos y no abusar de sus ventajas.

4) Diversidad global de civilizaciones y valores.

Todas las civilizaciones humanas son valiosas e iguales en sí mismas; las civilizaciones no se dividen en altamente desarrolladas y subdesarrolladas, fuertes y débiles. El sistema espiritual y moral de ninguna civilización puede considerarse exclusivo o superior a los demás. Todos los países deben abogar por una perspectiva civilizatoria basada en la igualdad, el intercambio de experiencias y el diálogo. Deben fortalecer el respeto mutuo, la comprensión, la confianza y los intercambios entre las diferentes nacionalidades y civilizaciones, promover el entendimiento mutuo y la amistad entre los pueblos de todos los países, y proteger la diversidad de culturas y civilizaciones. Es necesario oponerse con firmeza al uso de los derechos humanos como pretexto para la injerencia en los asuntos internos de otros Estados, así como a la politización e instrumentalización de las cuestiones de derechos humanos. La religión es un importante vehículo para la cultura humana, que desempeña un papel especial en la construcción de vínculos entre los pueblos, y todos los Estados deben crear condiciones favorables para el diálogo y el intercambio interreligioso.

3. Las partes continuarán desarrollando una visión compartida para la formación de un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales más equitativas.