El texto que presentamos a continuación es un extenso trabajo académico de su autor, miembro del Comité Nacional BRICS. Justamente por su extensión lo vamos a publicar en capítulos semanales.
Resumen:
La idea central de este trabajo es que, a la luz de una serie de acontecimientos recientes, nos encontramos ante un nuevo momento geopolítico en la transición del sistema mundial. Cuatro cuestiones son fundamentales para definir este sexto momento, según nuestra caracterización. En primer lugar, la irrupción de DeepSeek como símbolo del poder tecnológico de China y del avance de un nuevo modo de producción, acumulación y desarrollo en el corazón industrial mundial. En segundo lugar, la expansión de los BRICS y el desarrollo del formato BRICS+ como núcleo articulador de las potencias (re)emergentes y del Sur Global. En tercer lugar, la victoria progresiva y relativa de Rusia en el conflicto con Ucrania. En cuarto lugar, las características de la segunda administración Trump, cuyas acciones reconocen una nueva realidad multipolar, la escalada de la “guerra comercial” y un retroceso estratégico en el hemisferio occidental. El análisis de la correlación de fuerzas resultante nos lleva a postular la siguiente hipótesis: en 2025, nos encontramos en un nuevo momento geopolítico crucial, una situación de (des)orden multipolar.
“Ahora hay cambios que no se habían producido en 100 años. Cuando estamos juntos, impulsamos estos cambios”, Xi Jinping a Vladimir Putin, en su visita a Rusia en marzo de 2023. “El BRICS es una declaración de cuán profundamente está cambiando el orden mundial.”S. Jaishankar, canciller de India, 2024.
Introducción
Hace un siglo, China, Rusia e India formaban parte de una ola de revoluciones nacionales y sociales que emergieron en el contexto de la crisis del orden internacional del período de entreguerras, el ocaso de la hegemonía británica y la profunda reconfiguración de la economía mundial. En la actualidad, el sistema internacional atraviesa una nueva transición histórico-espacial marcada por una fase de caos sistémico: un período de ruptura estructural de un ciclo de hegemonía —en este caso, el iniciado por Estados Unidos en 1945— caracterizado por la intensificación de las competencias interestatales y corporativas, el agravamiento de los conflictos sociales y la emergencia de nuevas configuraciones de poder (Arrighi y Silver, 1999).
En este marco, la guerra central adquiere un papel esencial. La etapa de caos sistémico anterior a la actual se produjo entre 1914 y 1945, durante el llamado período de entreguerras. Por ello, se puede ver este concepto como una forma sistémica y más compleja de analizar la llamada “Trampa de Tucídides”, en referencia al conflicto que se produce cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante establecida, lo que despliega un escenario de transición de poder mundial y de guerra potencial. Gilpin (1988) llama a este tipo de “guerras hegemónicas”, ya que, a diferencia de otros conflictos bélicos, implican el pasaje de una época histórica a otra.
Investigaciones previas (Merino, 2022, 2024) permiten identificar una serie de momentos (geo)políticos que marcan la dinámica de esta transición iniciada entre finales del siglo XX y comienzos del XXI. Estos momentos permiten observar tendencias estructurales y puntos de bifurcación:
- 1999-2001: Primeros síntomas de la crisis del orden globalista unipolar y del llamado Consenso de Washington.
- 008-2009: La crisis financiera global y el cuestionamiento estructural de la hegemonía estadounidense; emergencia de los BRIC(S) como actores centrales.
- 2013-2014: Avance del mundo multipolar, despliegue de estrategias de contención por parte del Occidente geopolítico y multiplicación de focos y frentes de conflictos; en este contexto, se propone el concepto de Guerra Mundial Híbrida (GMH)1, frente al de Nueva Guerra Fría.
- Fortalecimiento de los Intercambios entre Pueblos para el Desarrollo Social y Económico.
- 2016-2017: fractura político-estratégica interna en EE.UU. y en el Occidente geopolítico (Brexit y triunfo de Trump).
- 2020: La pandemia acelera las tendencias principales de la transición histórico-espacial del sistema mundial (Merino, Bilmes, Barrenengoa, 2024).
(1) La GMH es diferente de la Guerra Fría, aunque comparta ciertas características, como la destrucción mutua asegurada que disuade a las grandes potencias de una guerra convencional directa entre sí. A diferencia de la Guerra Fría, desarrollada en pleno auge de la hegemonía estadounidense, el actual conflicto es producto de la actual transición sistémica, y sus características guardan relación con un mundo profundamente interconectado e interdependiente, en donde no existen bloques separados. Existe una profunda diferencia entre el desafío político y militar que representaba la URSS y el desafío sistémico que representa China y el actual mundo emergente para el polo de poder anglo-estadounidense y Occidente. Otro elemento importante es que se produce dentro de una dinámica multipolar compleja, diferente a la del mundo bipolar. La GMH contiene los elementos de las guerras de nueva generación, donde se combinan características de la guerra convencional entre Estados con ejércitos regulares y la guerra no convencional y/o irregular. En este sentido, se entrelazan las fuerzas convencionales y no convencionales, los combatientes y los civiles, la destrucción física y la guerra informativa. Implica la generalización de un nuevo método indirecto que combina la táctica de las “revoluciones de colores” —golpe suave— con las guerras no convencionales —golpe duro— (Korybko, 2020), además de guerras convencionales focalizadas y guerras en múltiples frentes, en donde los costos de la guerra convencional entre potencias son muy grandes. La GMH es una “guerra irrestricta”, donde al tiempo que se reduce el espacio de batalla en sentido estricto, se ha convertido al “mundo entero en un campo de batalla en sentido amplio” (Liang y Xiangsui, 1999, p. 241); un conflicto que se desarrolla en todos los frentes al tiempo que se “coopera” dentro de una realidad interdependiente, otorgando una naturaleza borrosa o mixta al combate. Por ello se habla de guerra comercial, guerra de información, guerra psicológica, ciberguerra, guerra de monedas, guerras financieras, guerra judicial (conocida como lawfare) e incluso, recientemente, de guerra cognitiva. Es decir, es la aplicación sincronizada de esfuerzos políticos, económicos, informativos, CEMA [Actividad Cibernética y Electromagnética] y militares para objetivos estratégicos, buscando minimizar los costos de una guerra convencional entre potencias, en donde aparece en el horizonte la cuestión de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, por sus siglas en inglés), asociada a la guerra nuclear, un elemento que ya es propio de la Guerra Fría. Una característica central es que la guerra híbrida es completamente difusa: se desdibuja el límite entre lo militar y lo civil, entre el inicio y el fin, entre lo público y lo privado. Los frentes aparecen difuminados y las operaciones tienen como objetivo central la “sociedad enemiga,” para penetrar profundamente en su territorio y destruir su voluntad política. Es clave la guerra de información, de ahí el destacado papel que asumen los medios masivos de comunicación, las redes sociales y todo el complejo andamiaje sustentado por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) que opera a través del espacio virtual. A su vez, en sus focos bélicos convencionales y pseudoconvencionales (Ucrania o Yemen), juegan un papel clave las tecnologías como los drones, la guerra electrónica y las cibertácticas ofensivas, comprendidas dentro de la guerra de quinta generación. Esto se desarrolla, entre otros trabajos, en Merino (2023) y Merino (2025).
La hipótesis central de este trabajo es que, a la luz de un conjunto de acontecimientos recientes, nos hallamos ante un nuevo momento geopolítico. Cuatro hechos resultan centrales para definir este sexto momento:
- La irrupción de DeepSeek como expresión del poder tecnológico chino y del avance de un nuevo modo de producción, acumulación y desarrollo.
- La expansión de los BRICS y el despliegue del formato BRICS+, que se consolida como núcleo político del Sur Global y de las potencias (re)emergentes.
- La victoria progresiva y relativa de Rusia en el conflicto con Ucrania, que redefine equilibrios estratégicos en Eurasia.
- La segunda administración Trump, que intensifica la guerra comercial, reconoce la realidad multipolar y plantea un repliegue estratégico sobre el hemisferio occidental. Esto agudiza la encrucijada de América Latina entre quedar como “patio trasero” de un poder en declive —agravando el proceso periferialización de la región— o intentar ubicarse como polo emergente en un escenario relativamente multipolar.
Deepseek y el Momento Ford de la economía mundial
El lanzamiento del modelo de inteligencia artificial chino DeepSeek-R1 generó un impacto inmediato en el Occidente geopolítico. Contra los pronósticos de la mayoría de los analistas, DeepSeek demostró que China no solo puede competir en la frontera tecnológica de la revolución tecno-productiva en curso, sino que puede hacerlo con un costo drásticamente inferior, una eficiencia energética notable y una arquitectura innovadora. En los medios anglosajones, este acontecimiento fue rápidamente interpretado como un nuevo Momento Sputnik, evocando el shock estratégico que provocó la URSS al lanzar el primer satélite artificial en 1957. John Cassidy (2025) planteó la analogía en The New Yorker, subrayando la conmoción en Silicon Valley y señalando que China avanza aceleradamente en múltiples sectores tecnológicos. Daron Acemoglu (2025), en un sentido similar, cuestionó el modelo de negocios estadounidense y sugirió que DeepSeek obliga a Estados Unidos a replantear su estrategia tecnológica.
Sin embargo, más que un Momento Sputnik, sostenemos que DeepSeek inaugura un Momento Ford. Esta distinción no es menor: mientras el Sputnik simbolizó una sorpresa tecnológica dentro de un mundo ya hegemonizado por Estados Unidos —que era simultáneamente la gran fábrica, el centro financiero y la potencia militar dominante—, el Momento Ford representó una transformación profunda en el modo de producción capitalista, gestada en el seno de una potencia emergente que estaba reconfigurando la economía-mundo.
El Momento Sputnik, todo un símbolo de la capacidad de desarrollo tecnológico de la URSS, se produce en pleno auge de la hegemonía estadounidense o anglo-estadounidense. EE.UU. era la gran fábrica del mundo (como China lo es en la actualidad), además de ser el centro financiero y comercial de la economía capitalista mundial y, por supuesto, el Estado más fuerte dentro del sistema interestatal. La potencia norteamericana lideraba la mayoría de las tecnologías de vanguardia desplegadas en el sector productivo, en el marco de innovaciones en las relaciones de producción y reproducción social contenidas en su modelo de desarrollo. La URSS representaba un desafío político y militar en el corazón de Eurasia, pero no significaba un desafío económico sistémico —no competía en la frontera tecnológica en donde se define el tiempo social de producción.
Durante la Guerra Fría, la URSS constituyó un desafío político-militar, pero no un competidor sistémico en la frontera tecnológica que define el tiempo social de producción. La hegemonía estadounidense no estaba amenazada en su base económica. Ford, en contraste, simboliza algo distinto: el surgimiento de una nueva matriz tecno-productiva que reorganiza capital, trabajo y conocimiento, altera la estructura industrial global y origina un nuevo ciclo expansivo.
El fordismo combinó: la producción en masa y estandarización; las innovaciones organizativas como la organización científica del trabajo (Taylorismo) y la cadena de montaje; las nuevas formas de regulación social y laboral, como los contratos colectivos de trabajo, el acortamiento de la jornada laboral y su mayor intensidad, y los aumentos salariales ligados al aumento de productividad (Coriat, 1994; Lipietz, 2001); y la expansión del capital multinacional estadounidense, estructurado en el modelo de grandes corporaciones verticalmente integradas (Arrighi, 2007). Ese conjunto, reforzado por la escala financiera y territorial de Estados Unidos, moldeó las bases materiales de la hegemonía del siglo XX. Ford y otras compañías multinacionales, que integran los gigantes financieros norteamericanos, expresan el despliegue de una nueva forma o modelo de producción y acumulación del capitalismo mundial, un salto general en la productividad.
El Momento Ford forma parte del inicio de una transición del sistema mundial, marcada por el quiebre de la hegemonía británica, las dos guerras mundiales y una gran transformación capitalista, que tiene en su otro polo, como parte del mismo proceso histórico-espacial, la activación de las masas trabajadoras y campesinas de las periferias: la Revolución Rusa, la Revolución China, la liberación nacional de India y los nacionalismos populares democráticos en América Latina, con la Revolución Mexicana a partir de 1910 como punto inicial.
La gran crisis del capitalismo mundial que se produce en los años 30 está asociada a este nuevo paradigma tecno-económico y a las fuerzas que desata esta nueva forma o “modelo” de acumulación-producción-desarrollo. Su despliegue se traduce en una enorme destrucción creativa, al devenir obsoletas las formas anteriores de producción, con sus dos caras: una enorme destrucción de valor, por un lado, y la gestación de nuevas fuerzas productivas, por otro. Las grandes crisis, como las guerras, son bisagras entre una época histórica y otra.
La irrupción de Deepseek
DeepSeek-R1 fue entrenado con solo 5,5 millones de dólares, utilizando hardware menos potente debido al bloqueo tecnológico estadounidense. Esta limitación se transformó en un incentivo para innovar en la arquitectura del modelo, que solo necesita procesar 37 mil millones de parámetros por cálculo, frente a los 671 mil millones de algunos modelos estadounidenses (Magnet, 2025). El resultado: un costo por token entre diez y veinte veces menor y una eficiencia energética que desafía directamente las lógicas de Wall Street–Silicon Valley–Pentagon System. La paradoja es evidente: la política de bloqueo tecnológico destinada a impedir el ascenso de China forzó innovaciones organizacionales y computacionales que aceleraron su avance. Como advirtió Henry Kissinger (2005) hace dos décadas, aplicar a China la lógica de contención de la Guerra Fría puede ser “imprudente” y generar efectos estratégicamente contraproducentes.
Deepseek-R1 y otros modelos de IA chinos (como el de Alibaba y Tencent) son de código abierto, lo que democratiza el acceso, acelera la innovación y reduce las barreras de entrada; además, significa una commoditización de los modelos de LLM (grandes modelos de lenguaje). Esta apertura desafía el pilar fundamental del negocio financiero-tecnológico estadounidense centrado en grandes monopolios tecnológicos, que otorgan enormes retornos financieros, apalancados por un Estado del cual son parte sustancial. Este modelo ha impulsado una burbuja en el sector tecnológico (Floridi, 2024), expresión de una fase de financiarización del ciclo económico de los Estados Unidos, en donde una inmensa masa de capital ficticio se vuelca a los sectores de punta que otorgan ganancias extraordinarias.
La irrupción de DeepSeek tuvo efectos inmediatos: una corrección bursátil que borró 600.000 millones de dólares de capitalización, afectando especialmente a Nvidia. Aunque las cotizaciones se recuperaron, el episodio expuso la fragilidad de una industria sostenida por expectativas financieras infladas y por la promesa de monopolios sostenidos por el aparato estatal-militar estadounidense. Además, el Plan de EE.UU. para invertir 500.000 millones de dólares en infraestructura de AI comandado por las Big Tech genera incertidumbre y lleva a preguntarse sobre los diferenciales de eficiencia y eficacia entre ambos modelos.

