Redacción · Abril 2026 · Opinión

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El (des)orden multipolar III

3º parte. La idea central de este trabajo es que, a la luz de una serie de acontecimientos recientes, nos encontramos ante un nuevo momento geopolítico en la transición del sistema mundial.

Gabriel Merinoescribe: Gabriel Merino

La acción de Rusia y Arabia Saudí en la OPEP

Otro hecho significativo, que marca el nuevo equilibrio político y estratégico en la región, fue la acción conjunta de la OPEP (en la que destaca el peso de Arabia Saudí), junto con Rusia (OPEP+), para sostener el precio mundial del petróleo en plena escalada del conflicto en Ucrania, a pesar de las presiones de Estados Unidos sobre Riad para subir la producción y bajar el precio para golpear a Moscú. El reino saudí, aliado fundamental de los Estados Unidos y sostén clave del petrodólar desde 1974, ha cambiado claramente de juego. Rusia ha vuelto a convertirse en un actor importante en la región y también tiene un rol en la OPEP+, en el marco de su retorno como actor geoestratégico global.

El ingreso de Egipto implica la incorporación de una de las cinco potencias de “Oriente Medio” y la sede de la Liga de Estados Árabes, que gestiona una ruta comercial estratégica, el Canal de Suez, y es puente terrestre entre África y Asia Occidental. Por otro lado, con la incorporación de Etiopía a los BRICS+, país sede de la Unión Africana y clave en la región del Cuerno de África, se fortalece la presencia de dicho continente, que ahora suma tres miembros plenos (Sudáfrica, Etiopía y Egipto) y dos socios (Nigeria y Uganda).

Por último, debe mencionarse la importancia del ingreso de Indonesia, la nación más rica y poblada del Sudeste Asiático, con 277,5 millones de habitantes —aproximadamente el 41,3 % de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN)— y un PIB de 1,4 billones de dólares (4,66 billones medido en PPA). Esto, junto con su ubicación geográfica, explica por qué es miembro del G20. Tras la Segunda Guerra Mundial, el país atravesó una sangrienta lucha anticolonial para liberarse de las manos de los Países Bajos y fue sede de la mencionada Conferencia de Bandung en 1955. El ministro de asuntos exteriores de Indonesia, Pandu Utama Manggala, señaló dos cuestiones importantes que refuerzan su adhesión a los BRICS+, en consonancia con la historia de su país: “la adhesión de Indonesia a los BRICS es un paso estratégico hacia el fortalecimiento de la cooperación Sur-Sur y representa las aspiraciones de los países del Sur Global en los procesos de toma de decisiones a nivel mundial. Esta integración busca dar más protagonismo a estas naciones y lograr un orden mundial más equilibrado y equitativo” (1). Además, es importante señalar el reequilibrio político y estratégico que se está produciendo en la ASEAN en los últimos años, que surgió en 1967, durante la Guerra Fría, como parte de la política de contención del comunismo. Las incorporaciones de Vietnam, Malasia y Tailandia como países socios refuerzan esta tendencia.

Bajo el estatus de países socios también han ingresado Nigeria y Uganda del África Subsahariana; Bielorrusia, Kazajstán y Uzbekistán pertenecientes al Espacio Euroasiático Medio (el primero desde Europa y los dos últimos desde Asia Central); Bolivia de Sudamérica, y Cuba del Caribe, ambos miembros de la ecúmene latinoamericana. Por diferencias con Brasil, se frenó la posible incorporación de Venezuela como país socio; lo cual, junto al rechazo de Argentina de incorporarse como socio pleno, muestra el debilitamiento del avance de los BRICS+ en Sudamérica. Ello contrasta con lo que sucede en otras regiones geopolíticas y se relaciona con la dificultadde la región para consolidarse como espacio emergente del nuevo (des)orden multipolar.

En términos resumidos, hay 5 factores centrales en el atractivode los BRICS+ para los países del Sur Global:

La victoria progresiva y relativa de Rusia

Al inicio del segundo mandato de Donald Trump, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó públicamente que no era realista que Ucrania ingrese a la OTAN y que vuelva a tener las fronteras de 2014(2).Además, dijo que una paz duradera debía incluir sólidas garantías de seguridad que aseguraran que la guerra no volvería a empezar. Estas declaraciones significan el reconocimiento público por parte de Washington —el Estado nuclear del Occidente geopolítico y de su organización militar, la OTAN— de tres de los intereses fundamentales de Moscú en el conflicto. Rusia también obtuvo una victoria en el plano de la narrativa histórica. Estados Unidos puso de relieve el papel central de la URSS en la victoria sobre la Alemania Nazi, contra cierto discurso revisionista en Occidente. “Luchamos juntos con tanto éxito en la II Guerra Mundial”, resaltó Trump luego de una conversación telefónica con Vladimir Putin, y recordó que “Rusia perdió decenas de millones de personas”(3).

La cumbre de Alaska entre Trump y Putin en agosto de 2025 formalizó este proceso, en el cual Rusia es nuevamente reconocida por EE.UU. como una gran potencia mundial. Esto evidencia el fracaso de la estrategia dominante en Washington luego de la caída de la URSS, esgrimida tanto por los llamados halcones liberales como por neoconservadores, de aprovechar la endeble situación de Rusia para debilitarla estructuralmente y relegarla al lugar de potencia regional, lo que se relaciona estrechamente con la expansión de la OTAN(4).También fracasó la estrategia Occidental, iniciada en 2014, de aislar a Rusia y convertirla en un paria a nivel internacional. Si bien esta estrategia ya había chocado de frente con la realidad geopolítica multipolar, ahora es el propio EE. UU. quien la da por finalizada.

Rusia también se impuso, por ahora, en la discusión sobre el alto el fuego o acuerdo de paz. La OTAN buscaba que Moscú aceptara un alto el fuego con el fin de frenar el desgaste de las tropas ucranianas, reabastecer arsenales y recuperar fuerzas para mejorar la situación en el frente. De hecho, las sanciones secundarias a países como India tenían el objetivo de obligar a Rusia a aceptar esa condición. Pero ello no funcionó y Trump aceptó iniciar negociaciones para un acuerdo de paz sin alto el fuego, aunque este todavía sea difícil de alcanzar. Los puntos centrales del posible acuerdo serían: la neutralidad de Ucrania (no ingreso a la OTAN), el reconocimiento del control de Moscú sobre los territorios rusófonos del Este y del Sur bajo su dominio; un límite a las capacidades militares de Ucrania (desmilitarización); y garantías de seguridad para Kiev. Sobre esto último, existe una importante discusión acerca de si habrá o no tropas de la OTAN en Ucrania, lo que Rusia rechaza.

En el frente de batalla la iniciativa estratégica lleva hace tiempo en manos de Rusia y el tiempo juega a su favor. La guerra de desgaste aplicada por el Kremlin ha destruido gran parte de la infraestructura crítica de Ucrania a niveles insostenibles y hay una desesperante escasez de personal de combate (en un país exhausto demográficamente) que las rondas de reclutamientos forzosos o la contratación de mercenarios no logran cubrir. También escasean las municiones en los arsenales de la OTAN. En el actual escenario, Moscú puede seguir obteniendo ganancias territoriales lentas pero sistemáticas en los territorios rusófonos del Este y del Sur de Ucrania, al tiempo que destruye las Fuerzas Armadas del adversario, siendo este último uno de los objetivos centrales de la llamada “Operación Militar Especial”, bajo la idea de la desmilitarización(5).

La guerra de desgaste de Rusia se enmarca dentro de la doctrina Gerásimov, que tiene como premisas reducir al máximo las pérdidas, obtener el máximo éxito con el mínimo costo y armonizar las distintas formas de lucha, buscando que el enemigo caiga por sus propias debilidades. Moscú debe cuidar su “recurso” humano debido a que la cuestión demográfica es una de sus grandes debilidades —lo cual vuelve un sinsentido la idea de una Rusia invadiendo a Europa que cuenta con tres veces más población (Todd, 2024). Además, la asimetría económica con la OTAN es evidente: en total los 32 miembros de la OTAN destinaron 1,474 billones de dólares a su defensa en 2024, mientras que Rusia destinó menos del 10 % de esa cifra el año pasado, unos 0,126 billones de dólares, lo que es casi el doble del promedio de lo que gastaba hasta 2022. Ello indica el importante esfuerzo económico que debe hacer Moscú para sostener la guerra.

Para cambiar el escenario actual y su tendencia, la OTAN debería enviar masivamente soldados al frente, junto con la utilización de armamento que permita penetrar y golpear profundamente en el territorio de la Federación de Rusia. Pero si eso sucediese, probablemente la Guerra Mundial Híbrida en curso se tornaría en una Guerra Mundial convencional entre potencias atómicas (entre las cuales Rusia es la principal), llevando a la humanidad a las puertas del Armagedón nuclear. Sin embargo, aún si esa fuera la decisión, probablemente la OTAN no cuente ahora con el armamento, ni las fuerzas necesarias. Las potencias occidentales no solo tienen un problema de producción, sino también de eficiencia relativa. Se calcula que Rusia produce tres veces más rondas de artillería que toda la OTAN en conjunto, a un costo cuatro veces menor por cada ronda(6).En estos años, Moscú aumentó sus capacidades industriales y logísticas, reorganizando su economía hacia un modo de guerra con alto nivel de coordinación estatal y empresarial. Resulta destacable su evolución en la producción de drones.

El otro escenario es continuar en el actual derrotero, con un costo de sostenimiento cada vez mayor para Occidente y con el riesgo de un colapso de las defensas ucranianas, a la espera de que el desgaste provoque un quiebre en el Kremlin y/o se produzca un colapso de su economía. Algo que no aparece muy claro en el horizonte, más allá de cierto estrés evidente. La economía rusa, medida a precios de poder adquisitivo (PPA), superó a la de Alemania y Japón en los últimos tres años, ubicándose ahora en el cuarto lugar a nivel mundial. Esto pone en evidencia que la guerra económica impulsada por Occidente no solo no dio los resultados esperados, sino que potenció los vínculos de Rusia en Asia.

Las propias fuerzas globalistas angloestadounidenses, que apostaron por el conflicto entendiendo que era posible propinarle a Rusia una derrota estratégica y debilitar a los polos emergentes, reconocen que esa no es la situación. En este sentido, la publicación británica The Economist, ya en 30 de noviembre de 2023, publicaba un artículo titulado: “Putin parece estar ganando la guerra en Ucrania, por ahora”. Diez meses después, el mismo medio admitía en otro artículo: “La guerra va mal. Ucrania y sus aliados deben cambiar de rumbo” (The Economist, 28 de septiembre de 2024). Y agregaba: “Si Ucrania y sus aliados occidentales quieren ganar, primero deben tener el coraje de admitir que están perdiendo. En los últimos dos años, Rusia y Ucrania han librado una costosa guerra de desgaste. Eso es insostenible”. Allí se recomendaba recalibrar los objetivos para que estos sean “más creíbles”, admitiendo que NO eran recuperables los territorios en poder de Rusia y reconociendo que ya no era posible una “victoria total” sobre Moscú. Ahora, un año después, la situación se encuentra aún más deteriorada para Kiev. La administración nacionalista-americanista de Trump reconoce institucionalmente esta realidad e intenta avanzar en otra estrategia, buscando llegar a un acuerdo con Moscú y alejarla de China.

El análisis de situación presenta algunas cuestiones a destacar:

Se podría decir que Estados Unidos ha obtenido algunos resultados positivos en función de sus intereses inmediatos y busca salir del conflicto antes de que los costos sean demasiado elevados:

El problema de fondo para Estados Unidos es que mantener los restos del viejo diseño hegemónico —con sus protectorados, organismos multilaterales y estructura económica—, a la vez que tener que atender tantos frentes al mismo tiempo, ya no es sostenible(8). Esto se traduce en grandes déficits a nivel fiscal y comercial, una dinámica crítica de endeudamiento público, crecientes problemas en la infraestructura nacional por falta de inversión y un importante proceso de desindustrialización, que convirtió el cinturón industrial del Nordeste y el Medio Oeste de Estados Unidos en el llamado “cinturón del óxido”.

Es en el escenario político y estratégico mundial donde se ven los mayores costos para Estados Unidos, destacándose la profundización de la asociación estratégica integral entre Rusia y China, que consolida un núcleo de poder alternativo con centro en Eurasia. Los intentos por parte de Trump de debilitar esta asociación no han tenido resultados positivos. También se profundizó la fortaleza relativa del mundo emergente. Allí deben destacarse los vínculos entre Rusia e India: además de ser el mayor comprador de armas de Moscú, Nueva Delhi, a partir del 2022, multiplicó por 33 la compra de petróleo ruso y se aceleró la iniciativa del Corredor Norte-Sur que atraviesa Irán. Por otro lado, durante el mes de enero de 2025 y días previos a la asunción de Trump, Moscú firmó con Irán un tratado de Asociación Estratégica Integral por 20 años; y en el mes de marzo se realizó un ejercicio naval conjunto entre Rusia, China e Irán en el Océano Índico, denominado Cinturón de Seguridad 2025.

La imagen “geopolítica” de 2025 fue la foto de Narendra Modi (India), Vladimir Putin (Rusia) y Xi Jinping (China) en la cumbre de mandatarios de la OCS de 2025 en Tianjin, cargada de un fuerte mensaje político global. India no solo rechazó las presiones políticas y económicas de Estados Unidos, que incluyeron un aumento del 50 % en los aranceles de importación si no dejaba de comprar petróleo ruso, con el fin de debilitar a Moscú en las negociaciones en torno a Ucrania. Modi mostró que sus estrechos e históricos vínculos con Rusia —elemento clave de su autonomía relativa— no se negocian y, además, escenificó un reacercamiento a Beijing. En términos más estructurales, no puede dejar de observarse en esa foto el triángulo geoestratégico euroasiático que proponía desde mediados de la década del noventa del siglo pasado el canciller y, luego, primer ministro ruso, Serguei Primakov, con el fin de crear un contrapeso al poder de Estados Unidos y el Occidente geopolítico. Este gran triángulo de potencias emergentes o re-emergentes constituye el núcleo fundamental del desarrollo de un sistema multipolar relativo y asimétrico, con sus nuevas asociaciones multilaterales

(1) MANGGALA, Pandu Utama. 2025. Indonesia’s bold step into BRICS and beyond. East Asia Forum, [S. l.], Feb 4. Disponible en: https://eastasiaforum.org/2025/02/04/indonesias-bold-step-into-brics-and-beyond/#:~:text=Brasil%2C%20como%20actual%20presidente%20del,partir%20de%20enero%20de%202025
(2) LIBOREIRO, Jorge. 2025. Pete Hegseth considera poco realistas las aspiraciones políticas de Ucrania y su futuro en la OTAN. Euronews, [S. l.], 12 enero. Disponible en: https://es.euronews.com/my-europe/2025/02/12/pete-hegseth-considera-poco-realistas-las-aspiraciones-politicas-de-ucrania
(3) Disponible en: https://www.theguardian.com/world/live/2025/feb/12/ukraine-russia-eu-foreign-ministers-lammy-trump-hegseth-europe-live-news. Acceso en: 11 dic. 2025
(4) En este sentido, en un artículo publicado en The New York Times el 8 de marzo de 1992, meses después de la caída de la URSS, el influyente neoconservador Paul Wolfowitz, afirmó: “Ahora nuestra política debe centrarse en impedir la aparición de cualquier potencial competidor global futuro (…). Como Rusia seguirá teniendo un fuerte poder militar en Eurasia, es necesario debilitar su posición geopolítica de forma permanente e irrevocable. Debemos hacer esto antes de que esté en condiciones de recuperarse; por lo tanto, tenemos que atraer a la órbita occidental a todos los Estados que la rodean y que anteriormente fueron parte de la Unión Soviética o que formaban parte de su esfera de influencia.” Sobre este tema, véase Merino (2022, 2025).
(5) Siguiendo a Helmuth von Moltke, el objeto principal de las operaciones no es el territorio, sino destruir el ejército del enemigo; aunque este principio debe matizarse por otros factores (Echevarría, 1996).
(6) HAYNES, Deborah. 2024. Russia is producing artillery shells around three times faster than Ukraine’s Western allies and for about a quarter of the cost. Sky News, London, May 26. Disponible en: https://news.sky.com/story/russia-is-producing-artillery-shells-around-three-times-faster-than-ukraines-western-allies-and-for-about-a-quarter-of-the-cost-13143224
(7) DW. 2025. Alemania encadena segundo año consecutivo de recesión, DW, [S. l.], 15 de dic.
(8) Desde la perspectiva de Kennedy (1991) esta sería una situación sobre extensión imperial (imperial ove stretch).
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