Redacción · Junio 2026 · Opinión

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Irán, el renacer del futuro

El acuerdo de paz entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos es un buen ejemplo del potencial de los multipolares.
Gabriel Fernándezescribe: Gabriel Fernández

La nación persa logró, para empezar, sobrevivir a los ataques combinados del país del Norte e Israel, lo cual estaba en duda para gobiernos y analistas occidentales; obtuvo un compromiso de alto el fuego en la región; y ratificó la concreción de aquello que ya había garantizado antes del bombardeo inicial sobre Teherán: persistir en sus avances científico técnicos sin construir armamento nuclear y abrir el Estrecho de Ormuz.

La gestión que orienta como puede, a los volantazos, el presidente Donald Trump, intenta presentar esos pactos como imposiciones al adversario, sin convencer a su frente interno ni al resto del planeta. Se ha dicho que si quieres persuadir, debes apelar al interés más que al intelecto. Algo de eso hay. O bastante. A ver.

El conteo de beneficios y problemas no concluye ahí. Es probable que un racconto profundo nos conduzca en direcciones impensadas y, quizás, llamativas. Vale apuntar entonces que Israel quedó fuera del entendimiento y patalea sin vigor mediante ataques limitados sobre el Líbano y acusaciones de escueta relevancia contra Hezbollah. Las jornadas venideras combinarán violencia y negociación sobre esa zona, e intentos de quebrar la suave institucionalidad alcanzada por chiitas, sunnitas y cristianos.

Hay más, lector. Aunque la derrota norteamericana es seria, profunda, y tiende a dañar la desleída imagen del jefe de Estado, puede favorecer la salida del pantano en el cual la tarea de las agencias de Inteligencia –numerosas, costosas, masivas- y del área de Defensa –controlada hasta ahora por las compañías armamentísticas- había empujado a la gestión republicana. Y bastante más, cabe indicar: en el mediano plazo puede permitir a esta gestión cumplir con una de las promesas esbozadas en campaña con aquiescencia pública: sacar a la potencia decadente de los litigios internacionales.

Está claro que mientras Trump no consiga satisfacer el otro flanco planteado en el ajetreado período pre electoral, su caída seguirá siendo una posibilidad intensa. Se trata de la re industrialización del país y del mejoramiento, aunque más no fuera parcial, de las condiciones de vida internas. Para conseguir éxito en ese rubro, necesita insuflar energía a la faja industrialista del oficialismo y reducir todo lo posible la influencia de las vertientes globalistas y la presión para canalizar recursos de las mega empresas financieras, sionismo incluido, y quienes anhelan sumarse aceleradamente al mecanismo de exacción puertas adentro, las tecnológicas.

Si el rubicundo –que ya fue atacado física y mediáticamente por los voceros de todos esos sectores del poder- logra aquilatar algo de fortaleza al retirarse de Asia occidental, aprovechar los ataques iraníes sobre establecimientos bélicos norteamericanos en el Golfo Pérsico y canalizar recursos en sentido local, puede transformar esta derrota en el primer peldaño hacia la elaboración de una transformación histórica: configurar a los Estados Unidos como gran nación productiva y proto multipolar.

No le será fácil, pues el control que han obtenido las corporaciones citadas sobre ese estado desterritorializado y la tentación de reproducir el esquema con América latina como coto de caza, forjan intereses muy potentes.

Comprender estos datos en movimiento ayuda a disipar algunos de los nubarrones que originaron confusión. Aunque son numerosos los factores en juego, es necesario señalar que las dificultades para comprender el panorama y anticipar varias movidas, están relacionadas con la batalla interior en Occidente. Esto se visualizó hasta ahora. Si el gobierno de los Estados Unidos sostuvo que Irán estaba derruido pero al rato consideró viable la firma de un acuerdo de paz que contemplara las exigencias de la República Islámica, evidencia que la contienda en la cúspide económica no conoce de treguas, y que los contrastes entre Wall Street – City londinense y Silicon Valley, por ubicar el problema en síntesis extrema y aproximada geografía, articulan los ejes de la tensión general.

Hay una Tercera Guerra en curso, ya que el interés profundo de una enorme porción de la humanidad exige un re equilibrio de los vínculos internacionales. Esa es la gran contienda de los pueblos contra OTAN – Davos, contra las firmas concentradas parasitarias que llegaron a obtener primacía en los años 90 y la extendieron al presente a punta de pistola. La novedad radica en que, debido a lo acaecido en esa región arenosa y flamígera del planeta, esos cambios parecen estar arribando bajo la propulsión de las pugnas inter empresariales de Occidente.

Para el cierre, cabe apuntar que en la generación del clima adecuado para la aproximación que derivó en el Acuerdo, resulta ineludible estimar la acción silenciosa, asentada en un criterio estratégico, de la República Popular China.

Las puertas del futuro, que amenazaron clausurarse, siguen abiertas.

* Gabriel Fernández, es miembro del Conab y Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica.