Resumen de “RBC” del informe conjunto del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (CRAI) en colaboración con el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI)
Las relaciones entre Rusia y Brasil se caracterizan por una “paradoja” o “desequilibrio estructural” entre altas ambiciones políticas y una débil cooperación comercial y económica, según el informe “Relaciones Brasil-Rusia: Acercamiento Político y Desarrollo Económico”, elaborado por ambos centros de estudios, disponible para RBC.
Expertos brasileños y rusos han ofrecido evaluaciones diferentes de los lazos económicos existentes entre ambos países. Los analistas rusos destacan su solidez y profundidad en algunos ámbitos, a pesar de la creciente presión externa. Los expertos del CEBRI, sin embargo, hablan de un modelo de “cooperación incompleta”, caracterizado por acercamientos diplomáticos periódicos impulsados por la defensa que ambos países hacen de un mundo multipolar en el ámbito internacional, y por lazos económicos asimétricos vulnerables a los desafíos externos.
¿Qué obstáculos identificaron los expertos brasileños?
Entre los factores clave que impulsan el desarrollo de las relaciones entre Rusia y Brasil, los analistas del CEBRI identificaron el colapso de la Unión Soviética, la creación de los BRICS y el conflicto en Ucrania. Según su evaluación, ninguno de estos factores impulsó a los socios a explotar plenamente el potencial de cooperación. En particular, la inestabilidad interna de Rusia en el período postsoviético y las reformas económicas en Brasil contribuyeron a la persistencia de un distanciamiento mutuo.
Si bien la creación de los BRICS brindó la oportunidad de profundizar la cooperación, “las expectativas superaron los resultados reales”, reconocieron expertos brasileños: las limitaciones estructurales y los cambios políticos en Brasil “impidieron la plena transformación del consenso político en una cooperación sostenible”. La victoria de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de 2022 ha incidido en el grado y la naturaleza del acercamiento con Rusia. Un análisis de los resultados de la votación de la ONU muestra que ambos países suelen adoptar posiciones similares, reforzando su imagen como partidarios de un orden mundial multipolar. Sin embargo, esto “es más circunstancial que estructural”, señalan los autores del informe.
Las acciones militares en Ucrania, que impulsaron a Rusia a buscar nuevos socios, han fortalecido el papel de Brasil como mediador pragmático en un sistema internacional fragmentado, según los expertos. Sin embargo, las oportunidades para profundizar la cooperación económica bilateral son limitadas: las grandes empresas brasileñas no pueden operar plenamente en el mercado ruso, ya que se enfrentan al riesgo de sanciones secundarias por parte de Estados Unidos y sus socios europeos.
Gran parte de las rutas comerciales tradicionales de ambos países se han visto afectadas por las sanciones. Por ejemplo, importantes navieras, como la suizo-italiana MSC, la danesa Maersk, el grupo francés CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd, se han negado a transportar carga rusa.
A pesar del significativo crecimiento del comercio entre ambos países, la estructura del comercio bilateral sigue siendo asimétrica, según los coautores brasileños. Su naturaleza refleja la complementariedad económica entre las partes, más que una auténtica diversificación de las relaciones comerciales. En particular, las exportaciones brasileñas a Rusia son principalmente productos agrícolas. En los últimos años, la soja (33% de los envíos), la carne (28%) y el café (18%) han ocupado posiciones clave. Las exportaciones rusas a Brasil, por el contrario, se basan en una lista limitada de bienes de importancia estratégica, principalmente gasoil, fertilizantes y materias primas industriales. Los fertilizantes representan aproximadamente el 75% de los envíos rusos a Brasil, lo que indica un alto grado de concentración comercial en un sólo sector. Cabe destacar que el Plan Nacional de Fertilizantes de Brasil, adoptado en 2025, prevé una reducción de la dependencia externa en este sector durante la próxima década, lo que podría debilitar los flujos comerciales bilaterales, señalan los expertos.
Según analistas brasileños, Rusia no figuró entre los principales proveedores de armas del país entre 2021 y 2025. Desde el estallido del conflicto en Ucrania, las relaciones de defensa entre ambos países se han vuelto “cada vez más simbólicas”, señalan, si bien Brasil no se ha sumado a la OTAN ni a sus aliados en la imposición de sanciones contra Rusia y no suministra armas a Kíev.
Según datos del Banco Central de Brasil, la inversión extranjera directa (IED) entre ambos países en sus respectivas economías también sigue siendo relativamente limitada. En 2024, el stock de IED rusa en Brasil alcanzó los 38,73 millones de dólares, lo que representa apenas el 0,0044% de la inversión extranjera total del país. La inversión brasileña en Rusia durante el mismo período ascendió a 1,69 millones de dólares (el 0,00038% de la inversión extranjera total).
“El análisis muestra que las relaciones ruso-brasileñas se caracterizan por un patrón de interacción selectiva y desigual. Persiste una brecha entre las ambiciones políticas y los resultados económicos”, señalan los analistas del CEBRI. El acercamiento más notable entre ambos países se observa en contactos diplomáticos puntuales, pero en áreas que requieren institucionalización sostenida y coordinación a largo plazo, la cooperación sigue siendo limitada. La estructura asimétrica de los lazos económicos entre Brasil y Rusia genera una distribución desigual de los beneficios.
Cómo ampliar la cooperación
Expertos brasileños señalan que el principal desafío para el desarrollo de las relaciones ruso-brasileñas radica en modificar la estructura de la interdependencia económica y tecnológica. “Los países deben abandonar un modelo de relaciones basado principalmente en el comercio de recursos naturales y bienes de bajo valor añadido”, afirma el informe.
Entre las condiciones para una asociación equilibrada y sostenible, los analistas del CEBRI destacan las siguientes:
- diversificación del comercio bilateral;
- expansión de la inversión mutua;
- desarrollo de la cooperación en sectores de alta tecnología;
- fortalecimiento de la cooperación en el sector servicios;
- expansión de la cooperación en sectores manufactureros más complejos.
Esto implica, por un lado, la apertura gradual de la economía rusa a la inversión extranjera, incluyendo el capital brasileño, y por otro, la ampliación del acceso de los productos brasileños al mercado ruso. Además, según expertos del CEBRI, el aumento de la inversión rusa en los sectores de alta tecnología del país podría contribuir a fortalecer el potencial productivo de Brasil.
Analistas rusos, sin embargo, consideran que es posible profundizar la cooperación entre ambos países, a la inversa, mediante la expansión del comercio en áreas tradicionales donde Rusia cuenta con claras ventajas competitivas. Estiman que para 2030, la demanda brasileña de fertilizantes crecerá un 20%, y el papel del complejo agroindustrial, que actualmente representa hasta el 25% del PIB del país, adquirirá aún mayor relevancia. Ampliar la participación de empresas rusas en la producción de fertilizantes y crear cadenas de producción y logística de ciclo completo permitiría a Brasil convertirse en una plataforma para incrementar el suministro a otros países latinoamericanos.
Expertos rusos vinculan el potencial de diversificación de la estructura de productos básicos de las exportaciones rusas con la implementación de proyectos de inversión conjuntos y una mayor cooperación en alta tecnología. Un área de cooperación nueva y en rápido desarrollo entre ambos países incluye el uso de plataformas de comercio electrónico para promover bienes de consumo de pequeñas y medianas empresas rusas.
En general, los expertos rusos destacan las siguientes áreas prometedoras para la cooperación:
- exploración y producción de petróleo y gas;
- desarrollo de yacimientos de uranio y litio;
- producción de fertilizantes y modernización de refinerías;
- agroindustria;
- energías renovables y economía verde;
- aeroespacial y energía nuclear;
- transporte y logística;
- tecnologías de la información;
- complejo militar-industrial.
En cuanto a la minería conjunta de uranio y litio en Brasil, el gobierno brasileño ya está negociando con la empresa rusa Techsnabexport (TENEX), filial de Rosatom. Rusia también está dispuesta a compartir su experiencia en el desarrollo de tecnologías nucleares pacíficas y a facilitar la implementación de inteligencia artificial, servicios gubernamentales digitales y soluciones automatizadas en diversos sectores, señalan los autores. La cooperación municipal, incluido el desarrollo de tecnologías para ciudades inteligentes, ofrece un potencial significativo para la colaboración, como lo demuestran los contactos entre las autoridades de Moscú y Río de Janeiro.
Analistas rusos también señalan la necesidad de crear mecanismos de pago alternativos para sortear las sanciones occidentales. Entre las posibles opciones se incluyen realizar pagos a través de terceros países, utilizar monedas nacionales en las liquidaciones mutuas y cambiar parcialmente a pagos en yuanes para las exportaciones rusas.
En conclusión, los autores del informe afirman que la complementariedad de las economías de ambos países y su interés común en la autonomía estratégica indican que la asociación entre ellos, a pesar de sus desigualdades, “posee un importante potencial aún por explotar”.

