Redacción · Abril 2026 · Opinión

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Cultura argentina, de protagonista a espectadora de los cambios

Mientras el bloque de potencias emergentes consolida una arquitectura de financiamiento y coproducción para blindar su soberanía narrativa, la Argentina de 2026 decidió bajarse de una mesa donde se diseña el futuro de las industrias creativas.
Víctor Bassukescribe: Víctor Bassuk

Entre acuerdos de cine en el Festival de cine BRICS de Fortaleza y créditos del Banco de los BRICS para el patrimonio, el Sur Global acelera su marcha hacia la multipolaridad cultural, dejando una silla vacía que podría costar caro al talento local.

La reciente expansión del bloque BRICS hacia el denominado “BRICS+” en 2024 —con la incorporación de países como Egipto, Irán y Emiratos Árabes Unidos— reconfigura el mapa global de poder y cooperación. En ese contexto, Argentina, pese a haber sido invitada formalmente en 2023, quedó afuera por decisión del Gobierno nacional, en un movimiento que no solo tiene implicancias geopolíticas sino también profundas consecuencias en el plano cultural.

No participar de los BRICS significa, para la industria creativa argentina —una de las más competitivas de la región—, quedar fuera de un ecosistema de financiamiento alternativo y de circuitos de distribución que abarcan casi la mitad de la población mundial. Mientras otros países acceden a fondos, coproducciones y mercados en expansión, Argentina se autoexcluye de herramientas que podrían fortalecer su sector cultural sin las condicionalidades tradicionales. En un mundo que avanza hacia la multipolaridad, esta ausencia implica resignar oportunidades estratégicas para proyectar su identidad y sostener su producción cultural en un escenario cada vez más competitivo.

El acrónimo BRICS define un bloque de cooperación multidimensional entre los países miembros. Si bien su origen en 2009 se cimentó sobre el crecimiento de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, la reciente expansión ha incorporado un recurso estratégico al que no debemos restarle importancia: la cultura. Hoy, con el 48.5% de la población mundial y cerca del 40% del PIB global, los BRICS están construyendo una infraestructura cultural capaz de desafiar la hegemonía occidental y se constituye en un garante confiable de la diversidad cultural.

La industria audiovisual se ha consolidado como la punta de lanza de esta “diplomacia suave”. China ya supera a Estados Unidos en producción anual de largometrajes, mientras que India lidera en volumen de proyectos. El Festival de Cine de los BRICS 2025 en Fortaleza, Brasil, funcionó como un mercado de intercambio real: se impulsaron acuerdos de coproducción que otorgan estatus de “obra nacional” a proyectos plurinacionales, permitiendo a cineastas acceder a fondos públicos en más de un país simultáneamente, superando la dependencia y la lógica hegemónica.

El Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), presidido por Dilma Rousseff, ha comenzado a financiar industrias creativas. Un ejemplo es el programa de revitalización de ciudades históricas en Rusia, respaldado con 220 millones de dólares, y los créditos en moneda local para centros históricos en Brasil. La creación en 2025 de la Plataforma de Industrias Culturales y el Nuevo Fondo de Garantía BRICS ofrecen, por primera vez, seguros para inversores en proyectos culturales.

La transición de la presidencia hacia la India en 2026 promete profundizar estos mecanismos. El reto de los BRICS es coordinar una diversidad que abarca desde la tradición editorial brasileña hasta la milenaria herencia india. Al estructurar este sistema de festivales y fondos, los BRICS envían un mensaje claro: la multipolaridad no es solo una cuestión de divisas, sino de quién tiene el derecho a contar su propia historia. El mundo que viene mira hacia el Sur, y Argentina corre el riesgo de verlo pasar desde la ventana.

* Víctor Bassuk, es productor cinematográfico y miembro del Comité Nacional BRICS (CoNaB).

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